Señor director:
Me causa una profunda admiración ver a compatriotas que no perdieron la cultura del trabajo. Que saben que la dignidad del ser humano para ganarse el dinero por medio del trabajo y no de prevendas. Es así como cada vez que voy a la Difunta Correa o hacia Media Agua, me gusta detener la marcha para comprarle a mis comprovincianos, pan, semitas, dulces y conservas. Todo elaborado por ellos mismos en un trabajo donde toda la familia se compromete para salir adelante. También veo a muchos viajeros que hacen lo mismo y compran esos productos hechos con mucho amor y humildad. Es por eso que esta carta la escribo porque me lleva a una reflexión que todos debemos hacer, porque no hay mejor cosa que el trabajo digno antes que ser rehén de una dádiva.
