Aviones como el de la foto combatieron contra toda la tecnología de la OTAN.

 

 

En nuestro país los acontecimientos de todo tipo suceden de una manera muy rápida. No nos detenemos a pensar en la historia fresca, reciente. El 2 de abril próximo, se cumplirán 36 años del desembarco argentino en nuestras Islas Malvinas y Georgias del Sur, éstas últimas, junto con las islas Sandwich, son parte de los territorios usurpados por Gran Bretaña, allá por 1833. Fueron 74 días de una guerra no declarada, cuyas consecuencias se pagan hasta hoy en lo político y militar. Pese a ello, las proezas de los pilotos de combate de la Fuerza Aérea Argentina como de la Armada asombraron a las potencias mundiales. A tal punto, que luego de esta batalla por Malvinas, se modificaron protocolos de combate aeronavales por parte de la (Organización del Tratado del Atlántico Norte) OTAN y del extinto Pacto de Varsovia, formado por los países de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Estos bloques militares quedaron asombrados por el arrojo de los pilotos argentinos al combatir con aviones de escasa tecnología como los "Sky Hawks'' de fabricación estadounidenses, que eran de bajo valor económico o los "Mirage'' franceses. Mientras, Gran Bretaña tenía los aviones "Sea Harrier'', de la Royal Navy y "Harrier'', de la Royal Air Force, que costaban unos 20 millones de dólares y que estaban equipados con alta tecnología electrónica y con misiles provistos por Estados Unidos, los "AIM-9 Sidewinder''. Se trata de un misil aire - aire de corto alcance, montado en aviones de caza para combate aire - aire, de última generación, que finalmente inclinaron la balanza a favor del enemigo. 


Fue la tecnología contra la valentía y profesionalismo de argentinos que sabían por qué luchaban. Los "Sky Hawks'' como los "Mirage'' e incluso los "Pucará'' fabricados en Argentina, eludían radares y volaban a tan sólo 10 metros de altura sobre las aguas turbulentas del Atlántico Sur. 


Historias como la del Aviso "Sobral'', un guardacostas que con sólo una ametralladora derribó un avión Sea Harrier y averió a otro.


Por esto y mucho más, honremos a quienes empuñaron un arma para defender, no sólo la soberanía, sino a cada argentino que se quedó en el continente, sin distinción de ideologías políticas o religiosas. Estos si que fueron hermanos que sacrificaron sus vidas por nuestro bendito país.