
La infancia antiguamente estuvo iluminada de magia, este aspecto la volvía maravillosa y sorprendente. Uno de ellos fue el ritual de los Reyes Magos, que ayer fue celebrado con la esperanza que siempre genera esta fecha no sólo en los niños sino también en algunos adultos, acostumbrados a recibir también su presente.
Como cada 5 de enero, en los distintos hogares sanjuaninos la fascinante historia de los Magos de Oriente y la Estrella de Belén, símbolos inseparables de la Navidad, fue narrada con tanta verosimilitud que en muchos casos hizo que los niños se prepararan con agua, pasto y los infaltables zapatos junto a la cama, en espera del paso de los Reyes. Pero el objeto no era sólo recibir un regalo sino intentar ver a esos seres mágicos que una vez al año llegan sigilosamente sin que nadie los escuche. Para ello hay niños que utilizado variados ardides en la noche del miércoles intentaron no quedarse dormidos con el propósito de observarlos. Como siempre sucede el vencedor sueño pudo más y en el momento menos pensado los venció para que no pudieran satisfacer su curiosidad.
En la mañana de ayer, 6 de enero, cuando los primeros rayos del sol comenzaron a iluminar, también como algo mágico los niños se levantaron para ver si los Reyes habían pasado y les habían dejado su regalo. Como seguramente sucedió muchos de ellos no hallaron el regalo deseado, pero, aunque ese objeto no fuese el anhelado, seguramente no era insignificante. Detrás de él subyacía todo un mundo de fantasía y de esperanzas que lo transmutaban en algo grande y extraordinario. Ese regalo, por sencillo que fuera, había sido tocado y traído por los Reyes Magos desde un lugar concebido como el paraíso, y por eso mismo poseía algo de singular y portentoso.
Por el Prof. Edmundo Jorge Delgado
Magister en Historia.
