Señor director:  
Quiero dar a conocer una historia de buenos vecinos que tiene 40 años de vivencias compartidas. El sábado 29 de octubre nuestro apreciado vecino y amigo "Tite” partió a la casa del Señor. Nos entregaron las casas en el año 1975. Nos cambiamos juntos, ellos con sus hijos, nosotros con los nuestros, la última de sus hijas Lorena nació en la nueva casa.  
Un matrimonio muy parecido al mío, padres y madres trabajando para lograr el bienestar de su familia.  

Tite, visitador médico, siempre muy pulcro, respetuoso, esposo y padre cariñoso. Nuestros fondos se demarcaban solamente con alambres, se veía hasta la avenida Libertador y nuestros maridos nos habían multado salir a tender la ropa en camisón.  
Los domingos, Tite hacia empanadas riquísimas y mi marido asado, comidas que compartíamos, cruce de empanadas y cruce de asado.  

El llevaba y traía a sus hijos al colegio. Ayudaba en su casa y lo que me ha quedado grabado es el lavado de su camisa cuando llegaba de trabajar, era muy meticuloso y ordenado. Alegre, jovial. Siempre positivo, era un gran hombre.

Quiero destacar su crianza con los hijos (la mejor) y quiero resaltar el amor de sus hijos que lo ayudaron a vivir 17 años más.  
En estas épocas pocos hijos y esposa se dedican sólo al bienestar de su padre, esta familia es un ejemplo de amor y constancia brindada a su papá que tanto hizo por ellos.  

Ahora los vecinos Tite y Manolo están juntos haciendo chistes y preparando empanadas y asado. Dios los bendiga por haber sido tan buenos padres y esposos. Que en paz descansen.