En una reunión en Turín, Italia, un universitario preguntó al papa Juan Pablo II: "Según usted, ¿qué significa, para nosotros jóvenes, amar?". El Sumo Pontífice le respondió: "He querido unir esta pregunta a otras en las que ustedes hablan de su preocupación y desconcierto por el ambiente de "hedonismo exasperado", la "pornografía tan extendida", la "mentalidad permisiva" que llevan fatalmente a olvidar valores más altos e indispensable". Y siguió: "Estoy de acuerdo con ustedes. Amar auténticamente, como cristianos, significa hoy, ir contra corriente, ser hombres hechos y derechos que llaman al mal mal y al bien bien, y con valentía luchan contra la moda de afirmar que es lo mismo amar que vivir el sexo. Si quieren vivir el estilo de amor de Cristo, prepárense para aprender a saber vivir con Él, en Su compañía". Y les aclara que amar como cristiano no es sólo defenderse de las tentaciones, y renunciar a placeres obsesivos: "Amar como cristianos los llevará a enamorarse con toda el alma, haciendo referencia a Dios, y aceptando dar vuestra vida como una donación total. No buscando una simple posesión egoísta. Amando así, tendrán la inteligencia y la cultura del amor, y verán y disfrutarán viviendo las exigencias de entregarse ustedes mismos, en cuerpo y alma, en cosas muy concretas como el matrimonio o en el celibato".
