Señor director:
No se trata sólo de invertir una situación, consecuencia del ambiente machista que prevalece en diversos ámbitos, sino de reconocer la dignidad y el papel fundamental de las mujeres en la sociedad, como señalaba el papa Francisco. Posiblemente veremos a la mujer acceder a puestos clave de la sociedad, y también de la propia Iglesia. Pero no se alcanzará una plenitud de derechos mientras no se reconozca públicamente esa otra función exclusiva de la mujer que es la maternidad, libremente escogida. Los poderes públicos tienen que actuar aquí sin timideces ni miopías, para dar todo su sentido a la sociedad del bienestar. El acceso al trabajo es un derecho inalienable, como también lo es el de crear una familia, tener hijos y educarlos como uno de los mayores servicios que pueden prestarse a la sociedad. Ni machismo ni feminismo: igualdad de oportunidades y dar carta de naturaleza social a las mujeres que optan por ser madres, ya que prestan un servicio imprescindible al bien común.
