Por estos días se cumple a rajatabla con la erradicación de hermosos -también añosos- ejemplares de árboles a lo largo del tramo que se refuncionalizará de la avenida "José Ignacio de la Roza". Atento a esto, seguramente habrán previsto la colocación de especies de reemplazo que sean de crecimiento rápido como los famosos "braquiquitos", que por su formato, no son precisamente los generosos dadores de buena sombra que la ciudad necesita.
Es cierto que hay una necesidad urgente de ampliar las vías de ingreso y salida a Rivadavia. Allí se concentran la mayoría de los barrios privados. Pero sus arterias son demasiado estrechas. En ese contexto, quitar los árboles obliga a crear pequeños -o grandes- bosquecillos en espacios verdes, que pueden ayudar a oxigenar nuestra ciudad, como son las plazas y plazoletas. Entre ellas están la de "Los Inmigrantes", la "Manuel Belgrano", "Salvador María del Carril", en Desamparados, o la "Di Stéfano", entre otras tantas. Además, habría que colocar más árboles también, en los alrededores de la estatua de Leopoldo Bravo, en la plaza del Bicentenario.
Se apuesta a palmeras, dándonos más aire de desierto aún, porque las dichosas palmas no dan frescura ni sombra. Necesitamos verde para abatir el intenso calor del verano, que de por sí, es tremendo. Pero para rebajar también en el exterior, el efecto totalmente negativo del aire caliente que arrojan los aires acondicionados.
Cuando uno se va acercando al microcentro de la ciudad, aumenta sustancialmente la temperatura exterior. Alguien debe darse cuenta que los árboles son nuestra vida y que esta desgracia de arboricidio en calle Mendoza (rumbo a Pocito) y tantas otras que van diezmando nuestros pulmones naturales, como lo señaló oportunamente un editorial de este diario, por privilegiar las cintas de concreto o de asfalto, que aún -que yo sepa-, no han aprendido a dar sombra y frescura.
