Jorge Viñas, folclorista mendocino.

De a poco fueron llegando los invitados. Algunos bajaron con sus guitarras, otros con sus ganas de ver, oír, comer y brindar. A los fondos de la casa, las llamas crepitaban alegremente, hasta convertir la leña en brasas y ser esparcidas bajo el parrillero. Don Roberto Cialella, el dueño, había convocado a algunos amigos, porque esa noche tenía un invitado muy especial: Don Jorge Viñas, el artista mendocino, gran cultor de lo cuyano. Estaba de paso por San Juan y como les ocurre a los hombres de su estirpe, tiene amigos por todos lados. Roberto, uno de ellos. Y esa noche, luego de haberse presentado en el festival cuyano, en el Auditorio, habría de ir un rato de visita.

Pidió que fuésemos pocos los comensales, pues le gusta ejercer su arte en la intimidad, cuando se trata de una ocasión así. Un gran mesón dispuso don Roberto para unas quince personas, pero aparecieron guitarreros de esos que los trae la noche quién sabe de dónde, pero que como moscas a la miel, se enteraron y acudieron a saludar al ilustre visitante. El angaquero "Tucho" Novaro, Horacio Rosales, del dúo Los Rosales, Roberto Vega, ex jugador de Colón y gran cantor, el guitarrista Eduardo Orozco. Sus voces estrellaron en el firmamento con canciones de esas que a uno le hacen sentirse orgulloso de ser cuyano. Yo me arrimé, silla de por medio, al convocado. Quería oírlo de cerca, poderle sacar algunos comentarios, de esos que seguramente ya acumulan polvo de tanto repetirlos por ahí. Habló entonces de su guitarra. "Es madera de jacarandá de Bahía. La amo. Escuchen cómo suena", dijo. Entonces sentimos aquel bordoneo intenso, olor a campo, serranías, parrales o bodega. Nombró como uno de sus maestros, a Tito Francia y ahí se nos fue aclarando el panorama de por qué tanta calidad en la interpretación. Conoció el grupo que se llamó "Nuevo cancionero", literario y musical, autor de un famoso Manifiesto, defensor de lo nuestro allá por los años 60, que en Mendoza formaron Armando Tejada Gómez, Tito Francia, Alberto Rodríguez, gran historiador de la música cuyana, Mercedes Sosa y Jorge Matus, a la postre esposo de la tucumana, entre otros. Coincidió también en sus estudios con la sanjuanina Julia Vega, "la alondra de los valles huarpes", de quien habló admirativamente. 

Muy joven se afinco en Buenos Aires, hace 50 años, y contó de las costumbres de don Buenaventura Luna, de quien dijo sabía reunir sus guitarreros y cantores en una gran comilona, luego de cada actuación. Junto con el poeta huaqueño, más Antonio Tormo, Hilario Cuadros, Carlos Montbrún Ocampo, Viñas fue uno de los pilares donde se apoyó la música cuyana para hacer pie en el difícil terreno donde dominan el tango y la milonga. 

Con su guitarra, conoció gran parte del mundo y de cada artista que uno le nombraba, don Jorge había conocido o contaba alguna anécdota. Jacinto Laciar lo invitó a que me acompañara en un par de tangos, fue un honor, igual que a Juancito Videla y Orozco, con quien hizo hermosas interpretaciones a dúo de guitarras. Don Viñas, demostró una humildad y sencillez, que es patrimonio de los grandes de verdad, y nos regaló una noche que nunca habremos de olvidar.

 

Por Orlando Navarro
Periodista