11 de marzo de 2019 - 00:00

Oratorios en las rutas

El oratorio de Caputo sobre la Ruta 141.

 

Todos, en algún momento, al transitar algunas de las rutas del país nos hemos encontrado con esas pequeñas grutas u oratorios a la vera del camino erigidas por familiares o amigos de personas fallecidas en accidentes de tránsito, en relación a que en ese preciso lugar tuvieron su último momento de vida. Creencias y homenajes se mezclan en esa extraña forma de inmortalizar a seres queridos que por los infortunios del destino dejaron su vida en forma precipitada, sin tiempo a una despedida o a un adiós.

Esta práctica o costumbre, lentamente está desapareciendo tal vez por el gran número de personas que actualmente mueren en las rutas. Las estadísticas podrían llegar a hacernos pensar que si se siguen rindiendo estos tributos quedarán muy pocos lugares libres y ese exceso es, probablemente, el autolimitante de este hábito.

La historia nos muestra que la costumbre nació hace mucho tiempo cuando rutas principales eran de tierra o ripio. Cada vez que había un siniestro de tránsito fatal o hechos vinculados a esas tragedias, los familiares y amigos se trasladaban hasta el sitio preciso y construían una gruta, de diferentes formas, para recordar al fallecido. De ahí en más se convertían en lugares de petición, reconciliación o para pagar culpas, que transformaban a los difuntos en "casi santos”. Bastaba que alguien pidiera algún favor o su intersección y se cumpliera para considerar que ese difunto tenía alguna vinculación entre lo sublime y lo terrenal.

En el camino hacia el paraje Difunta Correa hay un caso emblemático. El lugar donde murió el taxista Caputo. Si bien su fallecimiento estuvo vinculado a un hecho delictivo más que a un accidente de tránsito, el hecho de que muriera junto a su auto cerca de un barranco ha generado la creencia de que dejando en el sitio respuestos de automotores en desuso, neumáticos viejos y otras autopartes de vehículos, se le rinde homenaje a este "santito” como algunos lo han llegado a llamar.

Llegamos a la conclusión que todo es cuestión de Fe, y los humanos necesitamos de este tipo de paganismo, para alimentar nuestras esperanzas.

Por Leopoldo Mazuelos-Corts   DNI 5.543.908

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