Durante nuestra vida, muchos hemos tenido motivos suficientes que afectaron nuestros sentimientos. Esto con el agravante que si persistieron repetidas veces y por años, también terminaron por perjudicar nuestra salud física. ¿Quién o quiénes han sido los actores? ¿Personas, la vida, el destino, la suerte? O quizá uno mismo, ya sea hombre o mujer. Todo esto producido por problemas laborales, pérdidas de seres queridos, mal carácter, celos, resentimientos, etc. No perdonar va colmando nuestras vidas de malos recuerdos pensando y sufriendo lo pasado, en contraposición de quien o quienes fueron sus actores. Aún en el caso de haber compartido parte o toda sus vidas, deslizan su vivir como si nada hubiera ocurrido. Por estas razones, toda vez que recibamos una ofensa o un agravio, nos va quitando la posibilidad y voluntad de amar al prójimo en el buen sentido. Nos va enfermando. Psíquicamente nos prohibe ser libres, auténticos, caritativos, sí esclavos de nuestros recuerdos y como consecuencia, pensativos, desilusionados, depresivos o deprimidos, entregándonos en manos de un resentimiento frecuente o permanente. Por lo tanto, debemos poner en primer plano, la importancia de saber perdonar, pero también saber la importancia del "yo''.

 

Perdonar es el principio de la sanidad.


El perdón tiene que nacer desde lo mas profundo de nuestros corazones, tanto como la voluntad y la razón. No es perdonar cuando decimos "Yo perdono, pero no olvido'', "Te perdono si me pides disculpas''. El perdón no se negocia. Es una actitud altruista, especialmente cuando se medita, se reflexiona o se pone en oración. Si perdonamos debemos dejar de lado el odio, la venganza, el rencor ocasional o duradero; significa querernos a sí mismos, tratando lógicamente, dentro de lo posible, si no existe otra solución seguir cada uno su camino. 


Lo expuesto viene a formar parte de un estilo de vida, teniendo siempre en cuenta que el perdón es mayor cuando existe una excusa para concederlo, pero filántropo si esa excusa no existe. Lo dice la oración del "Padre Nuestro'': ...."Perdona nuestras ofensas así como perdonamos a los que nos ofenden...''. El amor bien entendido y el perdón son la esencia de la abnegación enraizados en los seres humanos. El odio, resentimiento, venganza, son causas de muchas enfermedades.


Por todo esto es necesario tener en nuestras mentes y en nuestras almas, que al mal cometido hay que combatirlo con el bien sin llegar a los extremos. No saber perdonar, envilece, saberlo, dignifica, hacemos el bien al prójimo, pero también a nosotros mismos.