Los días parecen que se van como agua entre los dedos. Tan rápido sucede que, ya casi estamos en fin de año, celebrando la Navidad. Es así que esta fecha tan especial nos hace reflexionar porque el amor y los valores morales se ponen de manifiesto. Si miramos hacia dentro de nuestro ser, seguro que recordaremos las palabras que nos enseñó el Maestro, Jesús de Nazaret, cuando dijo que "más bienaventurado es dar que recibir". Por tal motivo, no esperemos que lleguen esas fechas de fin de año para tender nuestras manos solidarias. Vamos donde estén nuestros hermanos necesitados. Allí donde realmente hay adultos que hacen lo imposible por trabajar y niños con muchas limitaciones para poder estudiar. Muchos de ellos están en lugares inhóspitos en medio del campo, entre cerros y quebradas.

Los podemos ver en esos pueblitos de los cuales están orgullosos, pero donde el progreso cuesta que llegue. Localidades como Malimán, Angualasto, en Iglesia. O bien, Sierras de Cháves, Elizondo y Riveros, en Valle Fértil. O tal vez Puchuzum, Tamberías, en Calingasta; Las Chacras y Marayes, en Caucete. Y, si hago memoria, empiezan surgir más nombres de lugares donde nuestros comprovincianos hacen patria.

A ellos les llevemos ropa en buen estado, calzado, alimentos no perecederos, artículos de higiene personal y de limpieza del hogar. Pero eso no es todo. Creo que el ser humano necesita ese alimento espiritual necesario para acrecentar la fe en Dios. Por eso se necesitan hombres y mujeres que lleven su aliento, un mensaje de fe, esperanza, y regalar una Biblia, que es la Palabra de Dios.

Por eso, no esperemos que el calendario nos diga que es Navidad para ayudar. Brindemos nuestro amor fraternal en todo tiempo. Este también es el momento.