"Pasaron 20 años hasta 1964. Fue entonces que sus amigos pudieron concretar el sueño que las cenizas del sacerdote Eutiquio Esteban, quedaran finalmente en el Santuario de la Inmaculada Concepción”. Ese anhelo fue cumplido por amigos y feligreses "que asistieron en gran número para expresar su cariño al sacerdote español. Una demostración cabal del cariño que el párroco supo despertar en la comunidad del Pueblo Viejo”.
Así se expresó el licenciado Claudio Vera hace unos días, en horas de la noche, en el Salón Parroquial del Santuario de la Inmaculada Concepción. Vera junto a la profesora Inés González, ofrecieron una charla homenaje, recordando a quien fuera uno de los párrocos del lugar, fallecido en la trágica noche del terremoto ocurrido en San Juan, el 15 de enero de 1944, mientras celebraba una boda.
"La gran torre, de considerable altura, edificada en el Pueblo Viejo”, que podía observarse a la distancia, "se desplomó a consecuencia del fuerte sismo, aplastando al sacerdote y sus devotos que se encontraban en el lugar”. Todos fallecieron. "Pero el movimiento telúrico, que cobró tantas vidas” y se llevó la antigua construcción "no pudo hacer olvidar en el corazón de la gente, el cariño a su párroco. Las cenizas del padre Eutiquio fueron conservadas, hasta que veinte años después de su deceso, fueron depositadas en el lugar donde hoy se encuentran.
La charla, con una buena asistencia de público, se desarrolló en el marco de los actos previstos por la comunidad al cumplirse en los próximos días, los cuarenta años de la Declaración de Santuario a la Parroquia de la Inmaculada Concepción.
