Señor director:

Una fiesta familiar que se está perdiendo por las circunstancias que atravesamos es el carneo familiar. Esta tarea no era fácil, cuando amanecía, con el frío del invierno y cuando caía la helada, toda la familia entusiasmada llevaba al mesón el animal de más de 200 kilos. Varios eran los hombres y mujeres para enlazarlo y ponerlo en correcta posición para que el "picador" realice su trabajo. Mientras tanto amigos y vecinos de los dueños de casa compartían el mate y alguna copita de coñac o grapa. El trabajo que ya venía del día anterior consistía en la faena de los animales, porque siempre eran dos o tres.

Arrancaba el día y se repartían las tareas; las mujeres picaban la carne, otros preparaban el tripaje para el embutido y otros hacían las mezclas y los nuevos experimentados en la elaboración, preparaban el fuego para calentar agua y hacer el tradicional asadito. Los primeros chorizos y morcillas iban apareciendo, no sin antes la presencia de algún vinito casero que serian testigos de estas juntadas al igual que algunas guitarras acompañando a improvisados cantores de cuecas y tonadas. Los trabajadores del momento elaboraban queso de chancho, bondiola y los jamones que se guardaban en cajones con sal. Todo terminaba al cabo de un par de días. Gran parte del carneo se guardaba, todo iba a ser necesario porque el año se hacía largo y nunca faltaba algún momento para degustar el carneo.

Al partir los ayudantes de la faena, todos recibían un presente para que "pruebe" la familia.

Pueda ser que las nuevas generaciones sean las que impidan desaparecer esta costumbre o al menos no la dejen morir en el intento.