Señor director:

Hace 30, 40 y hasta 50 años atrás, era común ver por todas partes, niños, adolescentes y adultos jugando con los volantines. En otras provincias, como Buenos Aires, se les llamaba como hasta hoy, "barrilete”. La creatividad estaba a la orden del día. La mayoría de las veces se hacían con nailon, cañas cortadas en forma longitudinal y piola con la cual se ataban los bordes de los materiales. También estaban aquellos fabricados con papel de las bolsas que entregaban en los almacenes o supermercados como el recordado "Emporio Económico”, entre otros ya desaparecidos hace décadas. Con el tiempo, los amantes de este entretenimiento utilizaron el papel crepé, de distintos colores. Aquí la fabricación era más elaborada. Los bordes pegados a las cañas como las uniones de los pliegues, se unían con engrudo producido con agua y harina. Si bien eran producciones muy frágiles, la combinación de colores era muy bella, más aún cuando los volantines se veían a gran altura con el cielo azul como fondo.

En esta variedad de volantines estaban aquellos que necesitaban una cola con algunos retazos de telas para mantenerlo en equilibrio en el cielo, como aquellos a los que se les llamaba "chupete”, que eran volantines sin cola y de mayor tamaño, que al parecer no les hacía falta cola porque mantenían el equilibrio muy bien. Eran tiempos de poca tecnología y mucha creatividad. Juegos que se compartían en familia y entre amigos. El tradicional volantín. En la actualidad, se hacen algunos festivales en los cuales, se comparte con alegría ver volar en el cielo esas creaciones caseras.