Señor director:
Todos quienes debemos estacionar la moto en el centro de la Capital tenemos que pasar por momentos en que el enojo, fastidio y angustia son un común denominador. Somos trabajadores que por lo general no tienen un peso en el bolsillo. Pero al llegar a ese bendito estacionamiento, las líneas demarcatorias para poner la motos son extremadamente angostas. Para bajarse o subir al rodado hay que hacer malabares. Por lo general terminan los vehículos con las lámparas de giro y/o espejos rotos. A esto hay que sumarle los “trapitos” (término porteño para definir a un “cuidamoto o auto”, que piden plata por estacionar. Lo cierto es que es un drama que el municipio debe corregir a la brevedad, porque no se debe permitir a personas que cobren en un espacio público para estacionar, como también debe haber espacio suficiente para colocar las motos y que el conductor pueda bajarse o subirse el rodado con comodidad y sin romper otras motos a su costado.
Damián Argüello
DNI 10.892.013

