Por Carlos Fara - Analista político
Aplaudan por favor
El gobierno parece un autito de juguete a cuerda: arranca con fuerza en algunos temas de opinión pública, y al rato se le acaba el impulso. Eso le pasó con el tema Malvinas, como era de esperar. Entre que no es una prioridad ciudadana -más allá de la alta sensibilidad que despierta- y cierta sospecha de oportunismo oficialista más que convicción, la agenda está funcionando como cuando se quema papel para prender fuego para un asado: tiene alta combustión de corto plazo, pero es esfuma rápidamente. Si, en cambio, usara madera, tardaría más en arrancar, pero garantizaría la combustión necesaria para contagiar al carbón. Como en muchas situaciones, se trata de aplicar una regla de la física. Por eso, el discurso del presidente en Naciones Unidas lució intrascendente. Además, tuvo encuentros pasilleros, pero no bilaterales (dicen las malas lenguas que el canciller americano no se lo banca).
Más allá de las fotos de rigor y los anuncios de inversión en infraestructura anunciados -ambos muy necesarios para mostrar músculo, pero si no hubiesen ocurrido sería visto como una señal de debilidad- volvió a tener otra semana complicada. Las malas noticias económicas persisten y ya se teme que cerremos el tercer trimestre con recesión técnica. Mal mes de julio en actividad, crecimiento de la pobreza, consumo masivo básico sigue en caída, incremento de la desocupación y, como si esto fuera poco, se instalaron las dudas respecto a la reelección reflejadas en el ascenso del riesgo país. Así, es muy difícil cambiar el clima general.
Además, esta semana neoyorkina del presidente tuvo otro protagonista: el precandidato presidencial Axel Kicillof. El bonaerense no solo fue a darse una "ducha de mercado", sino que además tuvo como invitado especial al inefable José Luis Manzano. ¿Es un aval? Obviamente no. ¿Es un certificado de "proceso de domesticación"? Probablemente. El multi-tentáculo mendocino no da puntada sin hilo y sus apuestas tratan de ponerle un guarda-rail a la política argentina. Algo así como ser él mismo una política de Estado (desde ya, protegiendo e incrementando sus negocios, como haría cualquiera en su lugar). ¿Es cierto que la jefa siempre mira con especial atención las apuestas y los movimientos del expolítico renovador?
Axel tuvo en la Gran Manzana -fuera de su foto con Manzano- una agenda progresista con el alcalde local, el complicado Pedro Sánchez y otros personajes. Esas reuniones no cambian la historia, pero lo ponen en una vidriera internacional. ¿Es la mejor? Probablemente no, pero está claro que empezó con la clásica estrategia de dominó de alguien que necesita cobrar volumen y correrse al centro. Fue en la misma semana que el presidente, estuvo bastante razonable en sus declaraciones, y generó expectativa entre los inversores que querían conocer al "cuco" de primera mano. Total, lo que iban a decir el Javo y Toto era lo esperable: está todo bien y vamos a ganar el año que viene. Cualquiera que tuviese dinero invertido en papeles argentinos querría olfatear cuánto riesgo tienen sus apuestas, sobre todo teniendo en cuenta que el personaje en cuestión está empatado con el león en una eventual segunda vuelta. ¿Quién garantizaría que no hará locuras? ¿José Luis?
"Pero el gobierno sigue ganando votaciones en el Congreso!". Es verdad: inocencia fiscal II, biocombustibles, reforma del Banco Central y zonas frías. Ninguna que despierte un debate de opinión pública en el corto plazo (veremos que pasará con los tarifazos donde se caerán los subsidios), y recalculó con discapacidad. La administración libertaria está obligada a mantener un superávit fiscal exigente, que se complica con la persiste caída de la recaudación, y que lo expone al juego de la manta corta: para ayudar al norte tuvo que destapar al sur. Pero lo que no avanza es la reforma electoral, y eso abre todo un capítulo muy jugoso.
Que los votos no están es vox populi. Los dialoguistas lo quieren ayudar al gobierno, pero ponen un precio demasiado alto que Santilli no puede asegurar, entre otras cosas, en función de lo comentado en el párrafo anterior (más allá de los anuncios oficiales, más gobernadores afines al oficialismo tienen in pectore un adelantamiento). Pero, como las encuestas siguen mostrando una consolidación del balance negativo, se van sumando los actores que creen que les conviene que sigan vigentes las PASO, o al menos unas PAS. Un personaje que da la impresión de estar "trabajando a reglamento" en este sentido es el Hada Patricia, que si algo sabe en la vida es cobrarse cuentas pendientes. Porque, si ella puede ser un plan B para el establishment, ir a una primaria le sirve y puede cerrar la discusión. O al menos, si no gana, le contaría las costillas a "pobre jamoncito", lo cual lo debilitaría para un segundo mandato. A esta altura, la senadora no se priva de tener diálogos subterráneos con nadie.
Pero hay un problema más: ¿cuándo debería aprobarse la reforma electoral? La Cámara Nacional Electoral -garantía de que en la Argentina no haya zafarranchos en los comicios- dijo que no debe ser en 2027. Eso significa que quedan solo 2 meses para que sea tratada en el período de ordinarias (eventualmente tres si se habilitan extraordinarias en diciembre). El punto es la disidencia en la mesa política respecto al timing. Parece que Karina quiere que primero aprueben la reforma y después negociar las situaciones provinciales, y los dialoguistas piensan al revés. Sin embargo, los Menem creen que el toma y daca debe demorarse esperando que la economía se reactive y cambie el clima (complejo). Resultado: la reforma está estancada.
"Aplaudan por favor, porque si no es desesperante" fue el pedido del secretario de agricultura. ganadería y pesca a un auditorio de productores. Ya había hecho algo similar en mayo. Es una muestra de cómo viven muchos funcionarios lo que está ocurriendo fuera de los despachos. Una mayoría social que no protesta, pero tampoco aplaude.