La realización del XV Encuentro Olivícola Internacional ArgOliva volvió a poner a San Juan frente a una evidencia que ya no admite demasiadas discusiones: la provincia ha dejado de ser una promesa para convertirse en una referencia concreta de la olivicultura nacional. El encuentro, desarrollado entre el 31 de agosto y el 6 de septiembre, no sólo exhibió el crecimiento de una actividad productiva, sino también la posibilidad cierta de convertir calidad, conocimiento y capacidad empresaria en una herramienta de inserción internacional.
ArgOliva fue un encuentro que consolidó a San Juan como capital del aceite de oliva
ArgOliva tiene, en ese sentido, un valor que excede largamente la realización de una feria o de un concurso. Es una vidriera para abrir mercados, una instancia para validar la calidad de los aceites sanjuaninos ante especialistas internacionales y, al mismo tiempo, un ámbito para discutir políticas públicas y generar condiciones que permitan al sector privado seguir invirtiendo y creciendo.
El concurso de calidad constituyó uno de los puntos centrales. La realización simultánea del XIV Concurso Internacional Premio Domingo Faustino Sarmiento y del IV Concurso Nacional a la Calidad de Aceites de Oliva Virgen Extra permitió confrontar 80 muestras de Argentina y distintos países bajo una condición fundamental para cualquier evaluación seria: el anonimato. El respaldo del Panel de Cata de la Universidad Católica de Cuyo, certificado por el Consejo Oleícola Internacional, aportó además una garantía de rigor que jerarquizó los resultados.
Y esos resultados fueron particularmente significativos para San Juan. La provincia obtuvo cuatro de los seis premios entregados en el certamen nacional, compartiendo los principales lugares del podio con Mendoza y Buenos Aires. Más que una cosecha de premios, se trata de una señal contundente sobre el nivel alcanzado por una producción que durante años debió demostrar que podía competir con los grandes referentes del sector.
Pero sería un error reducir ArgOliva a una competencia de aceites. Las rondas internacionales de negocios, las jornadas técnicas y capacitaciones del INTA, los encuentros institucionales y la Expo abierta al público conformaron una agenda destinada a integrar a toda la cadena, desde la investigación y la producción hasta la comercialización y el consumidor.
El verdadero desafío comienza ahora. San Juan debe aprovechar el prestigio conseguido para transformar reconocimiento en contratos, mercados permanentes, inversiones y mayor agregado de valor. La olivicultura necesita políticas estables, infraestructura, financiamiento, promoción externa y reglas que permitan planificar a largo plazo.
ArgOliva demuestra que existe producto, conocimiento y empresarios capaces de competir. Ahora corresponde que el Estado y el sector privado estén a la altura de esa realidad. Porque consolidar a San Juan como capital olivícola no debe ser sólo un motivo de orgullo: debe convertirse en una estrategia de desarrollo.