TECNOLOGÍA Y MEDIO AMBIENTE

Consumo de energía por la IA

Por Claudio Larrea 27 de octubre de 2026 - 04:00

Por Claudio Larrea - Director del Observatorio de Inteligencia Artificial – UCCuyo

¿Hablarle a un chatbot seca un río? Las redes dicen que sí: una botella de agua por pregunta. Otros responden que la IA casi no consume nada y que todo es histeria. Los dos mienten, cada uno a su manera. Y los dos le sirven a alguien.

Empecemos por lo que casi nadie dice: una consulta de texto gasta unos 0,3 vatios hora. Es lo que usa un microondas en un par de segundos. La botella de agua salió de un estudio de 2023 sobre un modelo viejo, y esa cifra está caduca. Seguir repitiéndola ya no es alarma: es pereza. Y hay otra verdad incómoda: esos números los declaran las propias empresas. Ningún tercero los auditó.

Ahora, el verdadero problema. Según la Agencia Internacional de Energía, los centros de datos consumieron unos 415 teravatios hora en 2024, el 1,5% de la electricidad mundial, y rozarían los 950 en 2030. Cada pregunta es una gota, pero se hacen miles de millones por día, y el razonamiento, los agentes y el video gastan cientos de veces más que un mensaje. Lo más grave: ninguna empresa informa cuánto de ese consumo es IA. ¿Cómo se discute lo que se esconde?

No sirve el consuelo de las comparaciones. Sí, el aire acondicionado usa cerca del 10% de la electricidad mundial. ¿Y? Que otro gaste más no vuelve inocente al que gasta cada vez más. La IA no preocupa por el promedio planetario, sino por dónde se amontona: pocos lugares absorben la demanda y tensionan la red, el agua y las tarifas de todos.

Argentina ya está en la película. Stargate Argentina, el proyecto de OpenAI y Sur Energy en la Patagonia, prevé hasta 500 megavatios: a plena carga, cerca del 3% de la demanda eléctrica del país, según cálculos propios. Pasó un año del anuncio y no hay contrato firme ni fecha de obras. Mucho título, cero cemento.

La IA no preocupa por el promedio planetario, sino por dónde se amontona: pocos lugares absorben la demanda y tensionan la red, el agua y las tarifas de todos. La IA no preocupa por el promedio planetario, sino por dónde se amontona: pocos lugares absorben la demanda y tensionan la red, el agua y las tarifas de todos.

San Juan debería escuchar con atención. La minería nos enseñó que una gran demanda de energía y agua es oportunidad si se negocia con las reglas claras, y trampa si se improvisa. ¿Vamos a repetir la lección o a olvidarla cuando llegue la próxima promesa millonaria?

Hay tres cosas que exigir, y no son negociables. Transparencia: que las empresas informen cuánta energía y agua consume específicamente la IA. Energía propia: que quien traiga demanda nueva traiga también generación, preferentemente limpia, y no la cobre en la factura de todos. Y datos en lugar de viralidad: ninguna política pública debería apoyarse en una cifra de redes, ni para asustar ni para tranquilizar.

La IA no es un monstruo que devora el planeta ni un asunto menor que podemos ignorar. Es una infraestructura nueva, y las infraestructuras se gobiernan con información. Quien pide que miremos para otro lado, o que nos asustemos sin pruebas, nos está pidiendo que no decidamos.

Decidir es justamente lo que nos toca.

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