ver más
EDITORIAL

Cristo Redentor: una ruta estratégica que no puede seguir dependiendo del clima

Por Redacción Diario de Cuyo 30 de agosto de 2026 - 04:00

Cada temporal en la alta cordillera vuelve a desnudar una vulnerabilidad que San Juan conoce demasiado bien: la dependencia casi absoluta de un corredor fronterizo cuya operatividad queda condicionada por las condiciones meteorológicas. El nuevo cierre del Paso Internacional Cristo Redentor, principal vía terrestre entre Argentina y Chile, vuelve a paralizar camiones, encarece la logística y afecta especialmente a una actividad clave para la economía sanjuanina, como es el despacho de cal hacia el país trasandino.

El lunes pasado, el corredor quedó nuevamente inhabilitado para todo tipo de vehículos debido a las intensas nevadas, la acumulación de hielo y la baja visibilidad en la alta montaña. La eventual reapertura, prevista entre mañana lunes 31 de agosto y el martes 1 de septiembre, dependerá de la evolución del temporal y de que la Ruta Nacional 7 vuelva a reunir condiciones de seguridad. Mientras tanto, los equipos de Vialidad trabajan para recuperar la transitabilidad, pero la incertidumbre continúa.

El problema adquiere una dimensión mayor si se recuerda que el paso había permanecido cerrado durante 34 días consecutivos y recién había comenzado a operar nuevamente una semana atrás. Para los transportistas sanjuaninos, semejante interrupción no significa solamente esperar. Significa camiones detenidos, fletes que no se concretan, mayores costos operativos y mercadería que no llega a destino en los tiempos previstos.

La industria calera es particularmente sensible. Entre el 72% y el 75% de los camiones que salen de San Juan hacia Chile transportan cal, destinada principalmente a abastecer la minería del cobre. Cada jornada de cierre afecta, por lo tanto, una cadena productiva que tiene una creciente importancia y que necesita previsibilidad para competir.

UPROCAM ya había advertido sobre las consecuencias del bloqueo anterior, cuando las playas mendocinas llegaron a saturarse y los vehículos comenzaron a acumularse hacia sectores próximos a Desaguadero. El impacto, además, no termina en las exportaciones. El cierre también complica el ingreso de frutas y verduras provenientes de Chile, obligando a modificar recorridos y asumir mayores distancias y costos.

La cordillera no puede dejar de tener temporales. Lo que sí puede y debe modificarse es la vulnerabilidad de una economía que queda prácticamente rehén de cada episodio climático. La respuesta no consiste en pretender que los camiones circulen cuando hacerlo implica riesgos, sino en construir una política logística que contemple alternativas reales cuando el Cristo Redentor queda fuera de servicio.

San Juan necesita corredores complementarios, planificación fronteriza, información anticipada y acuerdos que permitan reducir el impacto de los cierres. Una provincia que aspira a incrementar su actividad minera y su intercambio con Chile no puede depender de una única puerta de salida.

Cada temporal vuelve a plantear la misma pregunta. El desafío ahora es dejar de responderla con paciencia y comenzar a hacerlo con infraestructura, previsión y decisiones estratégicas.

Seguí leyendo