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EDITORIAL

Cuando la droga acecha a la escuela: el caso de 25 de Mayo que genera gran preocupación

Por Redacción Diario de Cuyo 11 de junio de 2026 - 06:00

El reciente desbaratamiento de un kiosco de venta de drogas que funcionaba a escasa distancia de una escuela en Villa Santa Rosa, departamento 25 de Mayo, constituye un hecho de extrema gravedad que obliga a una profunda reflexión social. No se trata solamente de un procedimiento policial exitoso ni de una nueva estadística en la lucha contra el narcotráfico. Lo verdaderamente alarmante es que durante un tiempo prolongado un punto de comercialización de estupefacientes operó con aparente impunidad en un lugar frecuentado diariamente por niños, adolescentes, docentes y familias.

El operativo llevado adelante por efectivos del Departamento de Drogas Ilegales D-5 de la Policía de San Juan, con apoyo del Grupo Táctico G.E.R.A.S. y bajo directivas de la Unidad Fiscal Federal San Juan, permitió secuestrar marihuana, cocaína fraccionada para la venta, dinero en efectivo, teléfonos celulares, balanzas de precisión y otros elementos vinculados al tráfico minorista. Sin embargo, detrás de estos resultados surge una pregunta inevitable: ¿cómo fue posible que esta actividad ilegal funcionara durante tanto tiempo tan cerca de un establecimiento educativo?

Aunque no existan pruebas de que alumnos hayan adquirido drogas en ese lugar, el solo hecho de que cientos de estudiantes hayan estado expuestos cotidianamente a la posibilidad de acceder a sustancias ilícitas resulta inquietante. La ubicación del kiosco difícilmente puede considerarse casual. Todo indica que la cercanía con una institución educativa representaba una ventaja estratégica para quienes buscaban ampliar su mercado y captar nuevos consumidores entre jóvenes especialmente vulnerables.

Este episodio también deja al descubierto una problemática que excede ampliamente a 25 de Mayo. La venta de drogas se ha convertido en una preocupación creciente en numerosos departamentos sanjuaninos, donde la comercialización de estupefacientes parece desarrollarse con demasiada facilidad. La presencia de estos puntos de venta no solo deteriora la seguridad de los barrios, sino que amenaza directamente el futuro de las nuevas generaciones. Por ello, además de la investigación judicial para identificar a todos los responsables de la distribución y comercialización de estas sustancias, resulta imprescindible fortalecer los mecanismos de prevención, vigilancia y control. La participación de las fuerzas de seguridad debe complementarse con el compromiso de las instituciones educativas, los municipios, las organizaciones sociales y las familias. La lucha contra el narcotráfico no puede limitarse a actuar cuando el problema ya está instalado. Es necesario detectar señales tempranas, promover la denuncia responsable y generar entornos seguros para los jóvenes.

La cercanía de la droga a una escuela representa una frontera que jamás debería cruzarse. Lo ocurrido en Villa Santa Rosa debe servir como advertencia. La sociedad no puede naturalizar la presencia del narcotráfico en los barrios. Proteger a los niños y adolescentes exige una acción firme, permanente y coordinada para impedir que estos negocios clandestinos prosperen a la vuelta de la esquina de los hogares sanjuaninos.

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