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EDUCACIÓN Y TECNOLOGÍA

El 25% de los hogares argentinos se encuentra desconectado

Por Claudio Larrea 21 de abril de 2026 - 05:00

EDUCACIÓN Y TECNOLOGÍA

Por Claudio Larrea - Director del Observatorio de Inteligencia Artificial – UCCuyo

En el debate público sobre transformación digital suele asumirse que la conectividad es un problema en vías de resolución. Sin embargo, los datos muestran una realidad menos optimista: una parte significativa de la sociedad continúa al margen de los beneficios de la digitalización. No se trata solo de acceso a internet, sino de una exclusión más profunda que combina limitaciones materiales, educativas y de uso.

Según un estudio del Observatorio de Inteligencia Artificial de la Universidad Católica de Cuyo, basado en el análisis de la Encuesta Permanente de Hogares y los módulos TIC del INDEC (2017–2024), aproximadamente el 25% de los hogares argentinos puede ser clasificado dentro de un segmento de alta vulnerabilidad digital. Este grupo, identificado inicialmente como "cluster 3" en los modelos de segmentación, puede definirse conceptualmente como hogares en situación de desconexión estructural persistente.

Este segmento no se caracteriza únicamente por la falta de conectividad. Presenta una combinación de factores que refuerzan la exclusión: bajo nivel educativo, ingresos limitados, escaso acceso a dispositivos tecnológicos y una utilización restringida de herramientas digitales. En muchos casos, incluso cuando existe algún tipo de acceso, este no se traduce en un uso efectivo para educación, trabajo, trámites o participación social.

El dato central es que la exclusión digital no es binaria. No se trata simplemente de estar conectado o desconectado. Existen distintos niveles de integración al mundo digital, y este grupo representa el nivel más crítico: hogares que quedan fuera de los circuitos de información, servicios y oportunidades que hoy estructuran la vida social y económica.

Existen distintos niveles de integración al mundo digital, y este grupo representa el nivel más crítico: hogares que quedan fuera de los circuitos de información, servicios y oportunidades que hoy estructuran la vida social y económica. Existen distintos niveles de integración al mundo digital, y este grupo representa el nivel más crítico: hogares que quedan fuera de los circuitos de información, servicios y oportunidades que hoy estructuran la vida social y económica.

Esta situación adquiere mayor relevancia en un contexto en el que la inteligencia artificial comienza a mediar múltiples dimensiones de la vida cotidiana. Desde la gestión de turnos médicos hasta el acceso a beneficios sociales, desde la educación virtual hasta las plataformas laborales, el entorno digital se vuelve más complejo. En este escenario, quienes no logran integrarse quedan doblemente excluidos.

Los modelos estadísticos aplicados permiten observar que este grupo no es homogéneo, pero sí presenta patrones consistentes. Se concentra principalmente en sectores de menores ingresos y niveles educativos, con fuerte presencia en regiones con menores niveles de desarrollo relativo. Además, se vincula con trayectorias de vida marcadas por la informalidad laboral y la baja acumulación de capital educativo.

Una de las conclusiones más relevantes es que la conectividad por sí sola no resuelve el problema. La expansión del acceso a internet ha sido significativa en los últimos años, pero no ha logrado reducir de manera sustantiva la brecha en términos de uso significativo. Esto sugiere que las políticas centradas exclusivamente en infraestructura resultan insuficientes si no se acompañan de estrategias de formación.

Las experiencias territoriales muestran que cuando se implementan programas de acompañamiento y capacitación, los resultados son concretos. Los hogares logran incorporarse progresivamente a usos más complejos de la tecnología, mejorando sus condiciones de acceso a información y servicios.

La inteligencia artificial no es ajena a esta dinámica. Puede profundizar las desigualdades si no se integra en políticas inclusivas. El desafío no es únicamente tecnológico, sino social.

El dato es claro: uno de cada cuatro hogares argentinos permanece desconectado. La pregunta ya no es si la tecnología avanza, sino quiénes pueden realmente avanzar con ella.

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