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COSTOS DE LA DEMOCRACIA

El Congreso entre retórica, pedradas y represión

Por Orlando Navarro 9 de agosto de 2026 - 05:30

Por Orlando Navarro - Periodista

Ya estamos en carrera pre-electoral. Las decisiones y propuestas que toma el gobierno, son exageradamente aplaudidas por los propios, y exageradamente vituperadas por la oposición. Es decir, no hay margen para la cordura, el análisis desapasionado, y por lo tanto para poner la mente en claro, en un punto máximo de alerta, para direccionar las medidas hacia aquello que promueva el bien común.

Son los costos de la democracia. En teoría, el todavía más óptimo recurso del hombre para organizar la vida de una sociedad. Pero ese pentagrama claro y limpio como el agua, tiene ejecutantes que son hombres, no ángeles, y por lo tanto seres imperfectos a quienes se les nubla el camino que conduce al bien común, y los desvía hacia el bien de sus propios intereses.

Todos estamos en claro en que la inversión es el punto de arranque para cualquier sociedad que quiera poner primera en su marcha hacia la búsqueda de su desarrollo. En activar el músculo y la mente de sus sujetos activos, así como para poner en funcionamiento las herramientas que la tecnología ha puesto a su disposición.

Es el próximo paso, si es que estamos de acuerdo en que este gobierno ha logrado cierta paz, en indicadores que hasta la gestión anterior volaban hacia lo incierto, con la amenaza permanente de una feroz colisión. Producto del impacto de la hiperinflación, teniendo como resultado el estancamiento y, sobre todo, la pérdida de valores. Como el afecto virtuoso por el trabajo, la educación, la cultura y el respeto hacia los mayores. Solo por citar alguna de las pérdidas que se cuentan tras aquel choque, y su resultado inevitable: el atraso y la pobreza.

Ahora, la inflación ha pasado a un sexto o séptimo lugar entre las prioridades de la población, actualmente preocupada por el desempleo, los bajos salarios, la precariedad habitacional sobre todo en sectores populares, y determinadas carencias en educación y salud, entre otras necesidades básicas no del todo satisfechas. El "metro cuadrado", que le dicen.

Para poner en marcha aquellos motores hace falta inversión genuina. Por un lado, por parte del Estado, siempre y cuando no se rompa el equilibrio fiscal tan sacrificadamente logrado por el esfuerzo conjunto de la población. La que respondió genuinamente al plan de austeridad que propuso de entrada el actual gobierno. El cual, dicho sea de paso, ha sido vituperado y atacado desde la oposición continuamente. La que disparó munición gruesa, vía su supremacía en el Senado, contra esa estabilidad. Eso pasó previa las elecciones de medio término del 2025, y ¡va a pasar ahora! como está visto y se verá, hasta que se produzcan los comicios del 2027. Son los que más arriba denominamos "costos de la democracia".

Falta inversión, sobre todo, por parte de los privados. Y entre éstos, de aquellos que estén dispuestos a arriesgar sus ahorros en el campo abonado que ofrece nuestro generoso territorio. Abonado no solo en sus recursos naturales y humanos, sino también en una aparatología jurídica que está tratando, entre tironeos de un lado y otro, de brindar seguridad, seriedad y un panorama virtuoso, con certezas y sin sobresaltos.

Dicen que los argentinos tienen ahorrado "bajo el colchón", decenas de miles de dólares, que alcanzarían por sí solos para dar vuelta la Cordillera en búsqueda de minerales, o hurgar incansablemente en las profundidades del suelo de la Patagonia en búsqueda de recursos energéticos. El campo, como sabemos, viene haciendo lo suyo desde mediados del siglo 19, y que fue, es, nuestra columna vertebral.

Esos "tironeos" de un lado y otro, del que hacíamos referencia en párrafos anteriores, replican hoy en el Congreso. Con expresiones callejeras, que en los alrededores, entre pedradas, incendios, insultos, agresiones y represión, "adornan" trágicamente ese plato caliente que se juega en las bancadas legislativas. Allí donde, lamentablemente, se exacerban las peores debilidades del ser humano, que la población observa perpleja, mientras compara los pocos pesos que tiene en el bolsillo, con la millonada que embolsan esos representantes. Sin remedio a la vista.

Otra vez. Los costos de la democracia que, finalmente, no hacen más que ponerla en peligro.

Volviendo al tema de la inversión. Si el Estado está limitado en sus posibilidades, salvo que aumente sus ingresos, vía un menor gasto y un mayor ingreso, que no puede provenir más que de un aumento en la producción y el consumo, queda para el sector privado la tarea de invertir.

¿De capitales argentinos o externos? El gobierno viene, con suerte diversa, procurando atraer la otra opción que queda: la inversión extranjera. Tan resistida, ideologizada y hasta odiada, a partir sobre todo del tema Malvinas y de la herida no cerrada de los hermanos muertos en el afán de recuperarlas.

Con más o menos adhesión, este gobierno ha logrado, en apretada síntesis, leyes como: 1) la Ley Bases, reforma económica que alienta inversiones, declara emergencias, reformula el Estado haciéndolo más ágil, menos burocrático, y sentó las bases para el llamado RIGI. 2) Ley de Inocencia Fiscal, destinado al ordenamiento fiscal, reducir la litigiosidad y facilitar así el cumplimiento de los deberes fiscales de los contribuyentes. 3) Reforma Laboral, que tiene el propósito de propiciar el ingreso de trabajadores de la informalidad a la formalidad y normalizar aspectos legislativos. 4) Ley de Presupuesto, ley fundamental, ausente en los dos ejercicios fiscales anteriores. 5) Normas de cooperación civil y comercial con terceros países. 6) Derogación de las leyes de abastecimiento, de góndolas, de alquileres, del compre nacional.

Esto en síntesis, más las sancionadas esta semana como la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, con media sanción, desalojos exprés para reducir las usurpaciones y reducción y endurecimiento de los requisitos a cumplir por el estado en las expropiaciones. Se retiraron los proyectos sobre extranjerización de tierras y manejo del fuego.

El gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, expresó la idea antigua, de otros tiempos, de la izquierda y parte de la oposición, sobre expropiar cualquier inversión que provenga de extranjeros. Así, va a ser difícil dar el paso siguiente hacia la reactivación. Más que eso, interpreto que no persiguió otra cosa más que oponerse por oponerse. Porque lo vimos intentando llevarse para su provincia, por cuestiones de límite, parte del proyecto minero del norte de San Juan, que no es otra cosa que inversión genuinamente extranjera, revelando así que su postura es pura hipocresía.

Costos de la democracia, otra vez.

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