Por Luis Eduardo Meglioli - Periodista
El descalabro chavista y los dos sismos
Los dos movimientos sísmicos sufridos por la República de Venezuela el pasado 24 de junio (7,2 y 7,5 grados, "Magnitud de Momento") fueron los más devastadores en la historia de ese país. El anterior, registrado en 1997 en el estado de Sucre, dejó 73 muertos. Solo uno registrado en el año 1900 del siglo pasado fue más violento que todos, ya que llegó a 7,7 grados en la misma escala citada, en octubre del año 1900. Todos sabemos que las tareas de rescate continúan desesperadamente y que siguen apareciendo cuerpos y en pocos casos sobrevivientes. Y este estado de máximo deterioro del país, ha sumado más drama y dolor a la población que viene siendo sometida por una feroz dictadura de tinte fascista caracterizada por el autoritarismo, la sangrienta represión y el desprecio por las libertades de todos y los derechos de los disidentes. Por ello, los muertos de los dos terremotos que acaban de producirse no pudieron llegar a disfrutar de una Venezuela libre. Los secuestros, violaciones, torturas y ejecuciones se han registrado en todos los años de Nicolás Maduro como presidente y antes con el maestro de todos los que gobiernan actualmente el país, Hugo Chávez. Estos bestiales crímenes políticos están documentados por Fiscalía de la Corte Penal Internacional (CPI), con sede en La Haya, y por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como crímenes de lesa humanidad. Ambos organismos internacionales coinciden en que "no se trata de hechos aislados, sino de un plan coordinado y sistemático del Estado para reprimir y perseguir a la disidencia política".
Hubo segundos de esperanza tras la salida de Maduro el 3 de enero pasado, aunque ilegalmente provocada por un violento secuestro por parte de fuerzas de seguridad de los Estados Unidos. En aquel momento se violaron derechos naturales de un país, más allá de ser una dictadura, y el ex dictador fue llevado a los EEUU para someterlo a cargos penales en una corte federal de Nueva York, acusado de delitos graves como "conspiración de narcoterrorismo, tráfico de drogas y lavado de dinero". No obstante, la esperanza de cambios no se concretó porque Delcy Rodríguez, como presidenta encargada, está considerada como uno de los máximos represores en el poder. Es que la mandataria hace cambios bajo la presión de Estados Unidos, pero sin llegar a desmontar ese infierno oficial que padecen a diario los venezolanos. Un nuevo informe denunció 1652 nuevos casos de tortura y cerca de 15.000 arrestos por razones políticas; más de 10.000 ejecuciones extrajudiciales y, paralelamente, la ONU denunció desapariciones forzadas en manos de los cuerpos del Estado venezolano, hasta el último día de Maduro al frente del régimen, el pasado 3 de enero de 2026. Según el diario independiente venezolano "El Nacional", que envía y publica información desde el exterior, los dos terribles terremotos del último 24 de junio pusieron aún más en evidencia "la incapacidad del régimen para conducir el país, que es, además, responsable de la destrucción material e institucional acometida con saña persistente durante décadas. A la zona cero de la devastación llegaron primero los ciudadanos, los voluntarios y rescatistas que no lo pensaron dos veces para salir en la búsqueda de sus seres queridos y de quienes lo necesitaran. Los que mandan tardaron horas en aparecer y cuando lo hicieron, no sabían ni por dónde empezar. Con los policías y militares acuartelados, sin orden para actuar porque han sido adiestrados para reprimir a sus propios compatriotas".
A su vez, los expertos en combatir terremotos de esta magnitud allí presentes y enviados por distintos países que colaboran generosamente, admiten que se han perdido horas cruciales para salvar más vidas y para trasmitir algo de tranquilidad a una población "hastiada del maltrato y el abandono". Más aun el no cumplimiento del gobierno de sus obligaciones fundamentales con los ciudadanos en los últimos veintiséis años, ha provocado encontrar hospitales y otros servicios de salud desmantelados, sin elementos básicos para el cuidado de heridos, y urgencias elementales. Socorrer a las millares de familias que quedaron sin vivienda es otro asunto muy serio y aunque la presidenta Rodríguez ha anunciado la construcción de viviendas y "miles de soluciones" más, muchos tiemblan de pensar que estos nuevos grupos habitacionales tengan las mismas características que la mayoría de los edificios destruidos por los sismos que, como se ha podido comprobar en indignantes imágenes, fueron construidos sin las más mínimas normas de seguridad, según expertos en ingeniería y análisis internacionales. Estos especialistas confirmaron que "el colapso masivo de edificaciones estuvo fuertemente ligado a graves fallas en el cumplimiento de las normas de seguridad". Pero aún más, se ha sabido también que la corrupción estructural existente en el gobierno, décadas de deterioro económico y profunda dictadura, permitió ya en tiempos de Chávez como presidente que se construyeran estos edificios de departamentos, así como barrios, usando materiales "de baja calidad, e incluso se han conocido casos de columnas hechas con poliestireno expandido (anime) más conocido como telgopor o unicel, en lugar de acero y concreto armado sólido". Sin embargo, Venezuela, como todo país, posee estrictos códigos de sismorresistencia, "como la norma Covenin 1756", distinta a las normas usadas en San Juan que se rigen por el sistema nacional de normas, principalmente el reglamento INPRES-CIRSOC 103. Pero más allá de normas no cumplidas, a ello hay que sumar en la catástrofe venezolana que la despiadada corrupción gubernamental no solo no exigió mayores controles técnicos, hubo reducción de inversión, mucha informalidad y falta de supervisión, lo que llevó a que muchos edificios y grupos de viviendas se construyeran fuera de las normas". Es decir que, si los recientes graves movimientos sísmicos provocaron tan grande tragedia en Venezuela, en ella hay una falla delictuosa muy profunda, emanada de la actual terrible dictadura.