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LLEGA LA PRIMAVERA

El necesario ritual de volver a empezar

Por Silvana Cataldo 21 de septiembre de 2026 - 05:45

Por Silvana Cataldo - Especialista en formación en lectura

Cuando la Tierra marca el tiempo

Dos veces por año se producen los equinoccios, momentos en los cuales ninguno de los hemisferios terrestres se encuentra inclinado predominantemente hacia el Sol. De allí proviene incluso la palabra: equinoccio (del latín aequinoctium) que remite a la idea de una noche de igual duración que el día. En realidad, el día y la noche no duran exactamente doce horas por diversos factores astronómicos y atmosféricos, pero el fenómeno señala ese momento de transición en el que la cantidad de luz comienza a ganarle definitivamente terreno a la oscuridad. Y quizás allí aparezca una de las razones por las cuales la primavera posee tanta potencia simbólica. Después de los días cortos, vuelve la luz. Después del frío, el aire se vuelve cálido y nos invita a redescubrir la vida. Los árboles producen nuevos brotes, aparecen flores y muchos animales modifican sus ciclos de actividad y reproducción.

El paso de una estación a otra comenzó a representar también el paso de un estado a otro. Surgieron así relatos y celebraciones. Pocas transiciones resultaron tan poderosas como aquella que conduce del invierno hacia la primavera.

De la civilización griega a los pueblos de América

La celebración de la nueva estación ha dejado, a lo largo de los tiempos, historias maravillosas. Los antiguos griegos construyeron uno de los relatos más bellos para explicar ese misterio.Perséfone, hija de Deméter, diosa vinculada con la agricultura y las cosechas, fue llevada al inframundo por Hades. Deméter, desesperada por la ausencia de su hija, dejó de favorecer el crecimiento de la tierra. Nada florecía.Finalmente, Perséfone pudo regresar junto a su madre durante una parte del año.Y cuando regresaba, la tierra volvía a llenarse de vida.El mito fue interpretado desde la Antigüedad como una representación del ciclo estacional de la vegetación: cuando madre e hija se reúnen, la tierra florece; cuando Perséfone regresa al mundo subterráneo, la naturaleza pierde nuevamente su vitalidad. El Metropolitan Museum conserva representaciones griegas de ese regreso de Perséfone desde el inframundo y señala precisamente la relación que los griegos establecían entre aquel relato y la alternancia de las estaciones.No era solamente una explicación sobre el clima. Era una historia sobre la pérdida y el reencuentro.

En Argentina hay una fecha precisa alrededor de la cual construimos todo un ritual: el 21 de septiembre. Flores, picnics, plazas llenas de jóvenes, festejos estudiantiles, ánimo, vida. Decimos que celebramos la llegada de la primavera. Pero ¿qué celebramos realmente? En Argentina hay una fecha precisa alrededor de la cual construimos todo un ritual: el 21 de septiembre. Flores, picnics, plazas llenas de jóvenes, festejos estudiantiles, ánimo, vida. Decimos que celebramos la llegada de la primavera. Pero ¿qué celebramos realmente?

Por su parte, los romanos tuvieron también sus fiestas. Entre ellas estaban las Floralia, dedicadas a Flora, divinidad asociada con las flores y la primavera. Se realizaban hacia fines de abril y comienzos de mayo (la primavera del hemisferio norte) e incluían juegos y representaciones públicas. La idea vuelve a repetirse: cuando la naturaleza florece, la comunidad celebra.

Y esa asociación atravesó culturas y siglos. Todavía hoy, para más de 300 millones de personas, el comienzo de la primavera boreal coincide con una de las celebraciones culturales más importantes del año. El Nowruz, cuyo nombre puede traducirse como "nuevo día", marca el comienzo del año y de la primavera en numerosos países y comunidades de Asia Central, occidental y meridional. Incluye comidas familiares, música, juegos y diferentes rituales que varían según cada región. UNESCO lo reconoce como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Las sociedades humanas siempre necesitaron comprender los movimientos del Sol, las lluvias, el frío, las cosechas y los períodos de florecimiento. No solamente porque de ellos dependía su supervivencia, sino porque esos ciclos permitían organizar el tiempo. Los pueblos originarios de nuestro territorio conservan celebraciones vinculadas con estos procesos naturales. El calendario oficial argentino registra, por ejemplo, el Auti Willka Chika, fiesta de los pueblos originarios andinos, asociada al equinoccio de primavera y al tiempo de florecimiento. También el Pewv Xipantu de la tradición mapuche, que coincide con este período del año, refiere al tiempo de los brotes, el renacimiento y la abundancia. El calendario nos ayuda a ordenar la vida, pero también nos ofrece oportunidades simbólicas para volver a empezar.

El 21 de septiembre argentino

En Argentina, el 21 de septiembre se asocia a la juventus y, particularmente a los estudiantes. Esta celebración comenzó en 1902 por iniciativa de Salvador Debenedetti, entonces estudiante y presidente del Centro de Estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, que posteriormente se convertiría en un célebre arqueólogo. La elección de la fecha, curiosamente, no tuvo nada que ver con la primavera. Debenedetti propuso el 21 de septiembre para recordar el día en que, en 1888, llegaron a Buenos Aires los restos de Domingo Faustino Sarmiento, fallecido días antes en Asunción del Paraguay. Con el tiempo, aquel homenaje universitario fue transformándose en una celebración estudiantil mucho más amplia.Después ocurrió algo culturalmente perfecto: el Día del Estudiante terminó encontrándose con la primavera.Juventud y renovación parece una asociación natural. Probablemente por eso las dos celebraciones terminaron volviéndose inseparables.

La estación de los comienzos

Con la primavera como excusa, esta época del año es una inmensa oportunidad de reencontrarnos con una profunda necesidad humana: que la vida ocurre en ciclos y que, después de cada invierno, es posible recomenzar.

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