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EDITORIAL

El proteccionismo vuelve a tensar el comercio entre dos potencias

Por Redacción Diario de Cuyo 21 de julio de 2026 - 06:00

El anuncio del Gobierno de Estados Unidos de aplicar un arancel del 25% a determinadas importaciones procedentes de Brasil constituye un nuevo episodio de una tendencia que, lejos de favorecer la integración económica, profundiza las tensiones comerciales en un escenario internacional cada vez más complejo. La decisión de la administración del presidente Donald Trump, que entrará en vigencia el próximo 22 de julio, reabre el debate sobre el uso de medidas proteccionistas como herramienta de política exterior y sobre las consecuencias que estas disputas generan para el comercio mundial.

Washington justificó la medida argumentando la existencia de prácticas comerciales desleales por parte de Brasil y una supuesta falta de voluntad para negociar de buena fe. Entre los cuestionamientos formulados figuran las restricciones al ingreso del etanol estadounidense, diferencias vinculadas al comercio digital, objeciones sobre políticas ambientales relacionadas con la deforestación y denuncias sobre presuntas limitaciones impuestas a empresas tecnológicas norteamericanas. Según las autoridades estadounidenses, estas condiciones perjudican los intereses económicos de su país y justifican la aplicación de nuevas barreras arancelarias.

La respuesta brasileña no se hizo esperar. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva calificó la decisión como arbitraria e injustificada y anunció la aplicación de la Ley de Reciprocidad, instrumento que habilita a imponer medidas equivalentes contra los productos estadounidenses. Paralelamente, Brasil recurrirá a la Organización Mundial del Comercio (OMC) para solicitar la revisión del caso mediante el mecanismo de solución de controversias, reafirmando que las diferencias comerciales deben resolverse dentro del marco institucional previsto por el sistema multilateral.

Más allá de las posiciones de ambas administraciones, este conflicto refleja una realidad que preocupa a la economía global. El resurgimiento del proteccionismo amenaza con debilitar un comercio internacional que todavía intenta recuperar dinamismo luego de años marcados por la pandemia, la inflación, las interrupciones logísticas y los conflictos geopolíticos. Cada nuevo arancel no solo afecta a los países involucrados, sino que también repercute sobre cadenas de suministro, inversiones y mercados que dependen de reglas previsibles.

Resulta significativo que algunos productos estratégicos, como el café, la carne vacuna, el petróleo, el gas, el aguacate y determinadas piezas aeronáuticas hayan quedado excluidos de la medida. Esa decisión evidencia que incluso quienes impulsan políticas proteccionistas reconocen la necesidad de preservar sectores donde la interdependencia económica resulta difícil de reemplazar sin generar costos para consumidores y empresas.

Brasil, por su parte, sostiene que la medida carece de fundamento económico y recuerda que durante los últimos quince años Estados Unidos ha mantenido un superávit comercial en el intercambio bilateral, argumento que relativiza las acusaciones de perjuicio comercial sistemático.

La historia demuestra que las guerras comerciales rara vez producen vencedores claros. Las represalias suelen derivar en mayores costos para productores y consumidores, menor competitividad y un deterioro del clima de negocios. En un mundo crecientemente interconectado, la cooperación continúa siendo un instrumento mucho más eficaz que la confrontación.

Para países como la Argentina, profundamente dependientes del comercio exterior para impulsar sus exportaciones y atraer inversiones, estas disputas constituyen una señal de alerta. La estabilidad de los mercados internacionales y el fortalecimiento de organismos como la OMC siguen siendo condiciones indispensables para garantizar reglas claras, previsibilidad y oportunidades de desarrollo. El diálogo y la negociación deben prevalecer sobre la escalada de sanciones si se pretende preservar un sistema comercial capaz de beneficiar a todas las naciones.

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