Por Orlando Navarro - Periodista
En camino hacia la soberanía económica
El muy interesante artículo del Dr. Mario Luna aparecido esta semana en DIARIO DE CUYO, titulado "Un mismo yacimiento, dos maneras de entender la soberanía", enriquece el debate abierto entre los argentinos, sobre cuestiones relativas el ejercicio de nuestra soberanía. Intensificado a partir del discurso por cadena nacional del presidente Milei, que giró sobre la explotación petrolera de dos empresas extranjeras, en el mar que está en área de las Malvinas. Y la reafirmación, consecuente, de nuestra reclamada soberanía sobre las mismas. Ese afán del presidente por enfatizar el prolongado reclamo de soberanía sobre las Malvinas, hoy en manos británicas, fue interpretado de diversas maneras en nuestro país. Por un lado, quienes saludaban con satisfacción esa postura, y los que, por otro, la denostaron, al sostener que no fue otra cosa más que reactualizar el fallido intento de Galtieri por salvar su gobierno dictatorial. Ergo, un "manotazo de ahogado" de Milei por recuperar el manejo de la agenda pública.
En nuestra nota del domingo pasado, expresamos la opinión que la situación geopolítica de la Argentina es, ahora, muy distinta a la que existía en 1982, y le dimos expreso crédito a la iniciativa gubernamental, fundamentando esa postura con diversos argumentos, que se basaron, por ejemplo, en los acuerdos que Milei viene tejiendo en el orden internacional, sobre todo con EEUU, Israel y varios países vecinos, Chile incluido. Más una firmeza en el plano económico y su potencial exportador, traducido en un ingreso de divisas récord, que entonces no teníamos. Traducido en equilibrio fiscal, baja de la inflación, reducción del estado, dólar estable, disminución de la pobreza, atenuación del riesgo país y otros índices, que han recuperado la visión que, desde afuera, se tiene de la Argentina. A pesar de la vigencia de los muchos objetivos que aún falta alcanzar, como mayor reactivación de la industria, el comercio y recuperación del salario.
El Dr. Luna se pregunta, interpreto que genuinamente, si es creíble este interés por recuperar nuestros derechos soberanos, habida cuenta de la debilidad expuesta por el gobierno ante el capital extranjero, a partir de los beneficios del RIGI, que garantiza estabilidad fiscal y cambiaria por 30 años a los efectores de Vicuña. Emprendimientos donde nuestro país no tiene arte ni parte, a diferencia de Chile, en la mesa de conducción, y así se configura una típica "entrega" de nuestras riquezas mineras, a cambio de unas miserables regalías. Para ellos, todo, para nosotros muy poco.
Aparentemente, con solo comparar la solidez de las negociaciones de Chile, que hoy comparte de igual a igual con el capital extranjero su explotación extractiva, nuestro país queda en situación poco menos que ridículamente indefensa. Que mueve también, según veo, resortes ideológicos en posiciones de izquierda u opositoras al gobierno, que ven en las operaciones de Milei una repetición de esa "pulsión" argentina, también expresada en gobiernos anteriores, por "entregar" nuestras riquezas a cambio de casi nada. O sea, un típico acto de colonialismo, más propio del siglo XVII o XVIII, que de este siglo XXI.
Por eso sería que de uno y otro lado de la cordillera, sobre la misma región minera, hay un distinto ejercicio de lo que se entiende por soberanía por parte de Argentina y Chile. Es, por cierto, un atrayente interrogante que se plantea el Dr. Luna, al que respeto y admiro por su profundidad analítica y que nos hace correr la mirada más allá de los hechos, procurando que se mejoren los términos de la posición argentina.
En rigor, la capacidad de negociación comprende muchas cosas. Entre ellas, la más importante creo, la solvencia económica, jurídica, institucional, y hasta moral, con la que el país va en búsqueda de la inversión extranjera. Y hoy, claramente, la Argentina está muy lejos del posicionamiento internacional que ha alcanzado Chile, desde la década del 70 para acá. Observaremos luego si estamos, o no, en ese camino. Un breve resumen histórico de lo que pasó en el país hermano en ese periodo -repito- años 70 en adelante, nos puede ayudar en el análisis.
En 1973 fue derrocado por Augusto Pinochet, por entonces Jefe del Ejército, el presidente electo democráticamente, Salvador Allende, e impuso una dura dictadura. Deleznable, por cierto, como toda dictadura pero que tuvo el tino de organizar, antes que nada, la economía. Muy deteriorada entonces porque el gobierno desplazado, de origen socialista, había repetido lo que otros de ese mismo signo hicieron en sus países (Cuba, Venezuela, etc), traducido en expropiaciones, aumento del tamaño del Estado, cerrojo al comercio exterior, y abundancia de subsidios financiados con emisión. Eso destruyó la economía chilena.
Pinochet contrató economistas chilenos, los famosos "Chicago Boys", formados bajo las enseñanzas del premio nobel Milton Friedman, quienes emprendieron un amplio plan de reformas, que incluyó básicamente control de la inflación, apertura comercial, desregulaciones y privatizaciones. Fue un proceso largo, duro para la sociedad, la que insatisfecha hizo eclosión en 1982, coincidente con una crisis de salarios, baja del empleo y desatenciones de salud, que obligó a Pinochet a decisivos cambios. Entre ellos, incorporó a Hernan Buchi, quien se hizo cargo de varias funciones, primero, y luego de Hacienda. Quien con medidas ortodoxas, del mismo tenor que los de la escuela de Chicago, aumentó el producto interno, solidificó la economía tanto en el aspecto minero como el agro (cobre y vitivinicultura), solidificó la moneda, exterminó la inflación y puso la economía chilena en un lugar de privilegio entre las economías latinoamericanas. Luego, los gobiernos democráticos que desde 1990 reemplazaron la dictadura, tuvieron el tino de sostener esas políticas y así que como hoy, Chile lleva años con inflación controlada, de un dígito anual, tratados de libre comercio con las principales potencias del mundo, es parte o socia de las empresas que exportan y, como explicó el Dr. Luna, se queda con una parte importante de las extracciones mineras. Pero ese proceso ha llevado más de 50 años.
En dos años y pico que lleva Milei, repitiendo una receta similar al del "milagro chileno", es impensable que se pueda negociar, por ahora, de igual a igual, aunque claramente vamos en ese camino. Enderezar la marcha, solucionando las actuales carencias sociales, hacia el objetivo de ser un país "serio", nos puede llevar a mantener con firmeza la bandera de la Soberanía Nacional, en toda clase de intercambio internacional.