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EDITORIAL

En el Día del Niño el mejor regalo siempre será el amor y la enseñanza de valores

Por Redacción Diario de Cuyo 16 de agosto de 2026 - 06:00

En el día de la fecha, coincidiendo con el tercer domingo del mes, se celebrará el Día del Niño, que renueva entre los adultos la responsabilidad de acompañar a las nuevas generaciones. Será, como cada año, una jornada de regalos, juegos y entretenimientos, pero también una oportunidad para recordar que aquello que más necesitan los chicos no siempre puede comprarse.

En un contexto social y económico complejo, donde muchas familias deben administrar cuidadosamente sus recursos, resulta necesario recuperar el verdadero sentido de esta celebración. El mejor obsequio no será necesariamente el más costoso, el juguete de última generación ni el dispositivo tecnológico más sofisticado. Será aquel que llegue acompañado por una palabra afectuosa, un abrazo, un beso y, sobre todo, por la presencia de quienes tienen la responsabilidad de educar y formar.

La infancia necesita bienes materiales, pero necesita más sentirse querida, escuchada y protegida. Cada gesto de afecto contribuye a construir seguridad y confianza. Erik Erikson, reconocido estudioso del desarrollo psicosocial, destacó la importancia de las relaciones significativas durante las primeras etapas de la vida para la construcción posterior de la identidad. En esa mirada se encuentra una enseñanza que mantiene plena vigencia: los vínculos tempranos ayudan a preparar a los niños para afrontar con mayor fortaleza los conflictos y desafíos del futuro.

Por eso, este Día del Niño debería trascender la lógica del consumo. Un paseo por una plaza, una tarde compartida, un juego en familia, la lectura de un cuento o simplemente el tiempo dedicado a escuchar lo que un niño tiene para decir pueden convertirse en recuerdos más duraderos que cualquier objeto. El juguete puede romperse, pasar de moda o quedar olvidado; el afecto recibido durante la infancia permanece y deja huellas profundas.

También es una ocasión para enseñar valores. Respeto, solidaridad, responsabilidad, honestidad, tolerancia y consideración por los demás no se aprenden mediante discursos. Se incorporan observando conductas, compartiendo experiencias y comprobando que los adultos cumplen aquello que enseñan. Cada familia tiene allí una tarea irrenunciable, porque la formación de un niño no puede quedar limitada a la escuela ni delegarse exclusivamente en las instituciones.

En tiempos de dificultades, hacer felices a los chicos exige creatividad, cercanía y sensibilidad. No se trata de negarles un regalo, sino de devolverle a ese regalo su significado humano. Que cada obsequio sea una expresión de amor y una oportunidad para compartir.

Los niños deben seguir siendo los únicos privilegiados, como se ha dicho. Y ese privilegio no consiste en tener más que otros, sino en recibir una infancia digna, acompañada y plena. Este domingo, el mejor homenaje será recordar que el futuro se construye desde el presente y que cada abrazo puede ser una lección para toda la vida.

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