Por Orlando Navarro - Periodista
Esos olores nauseabundos que nos dejó el Mundial
"Se cruzó una delgada línea roja", señaló la UEFA, entidad que regentea el fútbol europeo, cuando se conoció la noticia que la FIFA, a pedido o imposición, vaya a saber, de Donald Trump, dejó en suspenso la sanción por tarjeta roja del delantero de EEUU, Folarin Balogun, con lo cual lo habilitó para jugar. Una resolución por fuera de los canales reglamentarios previstos, que no tiene precedentes en el fútbol y cuya aplicación aumentó la nube gris que envuelve desde hace años a la dirigencia del fútbol.
Había antecedentes de sospechas sobre turbios manejos con las siderales cifras que mueven el popular deporte, y que exponía la ruindad de sus máximos dirigentes. Pero eso se movía en ámbitos fuera de la cancha. Donde reinan los billetes. El "FIFA Gate", expuesto crudamente ante los ojos de los futboleros del mundo, dejó al descubierto esas maniobras, gracias a que intervino la justicia norteamericana, por el hecho de que esos fondos pasaron por instituciones bancarias allí radicadas.
La sospecha de sobornos se corporizó luego de la adjudicación de las sedes de Rusia, en 2018, y de Qatar, en 2022, donde se vio detrás "la mano", y la plata, obvio, de ambos gobiernos, para que el popular deporte tuviera su cita magna en sus ciudades y estadios. En el caso de Rusia, creo que para lavar su imagen, muy desacreditada luego de la anexión de Crimea, en 2014, y previo a la invasión de Ucrania, que se materializó en 2022. En el caso de Qatar, país sin antecedentes futboleros, únicamente se explica en que hizo correr toneladas de petrodólares, para ser sede. También se rumoreó que debía "salvar" de su desaparición al París Saint Germain, que se llenó de estrellas mundiales. Messi, Neymar, Suárez y Mbappé incluidos.
Como consecuencia del FIFA Gate, entre los argentinos fue encarcelado Raúl Burzaco. Con su muerte en 2014, don Julio Grondona, vicepresidente de la FIFA y presidente de AFA, pudo eludir la mano de la justicia, ya que era otro de los acusados.
Hoy, por razones similares, es la justicia norteamericana, otra vez, la que le está dando un rápido impulso a la investigación, ya que la empresa que mueve los fondos de AFA, Tour Prudente, tenía varias cuentas a nombre de ignotos personajes en bancos de ese país. Tapia y Toviggino están procesados, pero la justicia argentina mueve el expediente a paso de tortuga, mientras la norteamericana ya empezó a intervenir, vía el FBI.
Este breve repaso del mar de dólares que corruptamente se mueven fuera de las canchas, sirven para dar un marco previo a la resolución de la FIFA sobre la anulación de la pena al jugador de la selección de EEUU. Porque esa mano negra de la mega corrupción en las más altas esferas del futbol mundial, se ha extendido ahora sobre la pelota, directamente. Lo cual actualiza aquella afirmación, o deseo, del gran Diego Maradona, que sostuvo ante los ojos y oídos del mundo, el día de su despedida, que "la pelota no se mancha". ¿A qué se refería Maradona en ese momento? Se supo en 2015, un año después de la muerte de Julio Grondona. Fue cuando reveló en un reportaje televisivo, que don Julio, en la previa de la gran final de Italia 90, se acercó a las duchas y le dijo "Diego, hasta acá llegamos", a lo que el crack respondió "usted no me va a decir qué debo hacer en la cancha" y le prometió que dejaría la vida detrás de cada pelota, "aunque trabe con la cabeza".
Por estos días, ese archivo de 2015 ha tenido profusa divulgación, ante la sospecha de que Argentina entró condicionada a la cancha el domingo pasado, en la final contra España. "Algo pasó" en el vestuario del equipo nacional, previo al partido, sustentada en la arenga de Messi a sus compañeros, sintetizada en la frase "muchachos, olvidémonos de todo, y salgamos a jugar". El gesto adusto de los jugadores por los pasillos internos antes de salir a la cancha reveló luego de ser virilizados que efectivamente "algo pasó".
Después, en el partido, vimos un equipo sin energías suficientes, sometido por un rival superior en el manejo de la pelota y que se movía con toda soltura, exigiendo grandes intervenciones del "Dibu" Martínez. Y los nuestros, prácticamente no pisaban el área rival.
También vimos un árbitro, el uzbeko Slavko Vincic, inclinando la cancha a favor de los españoles, marcando tempranas amarillas a jugadores claves para la contención del rival, como Paredes, Enzo y los dos marcadores centrales. O sea, los condicionó por todo el partido, agravada la circunstancia por las inesperadas lesiones del "Cuti" Romero y Lisandro Martínez, más la expulsión, para mi apresurada, máxime que se trataba de una final mundial, de Enzo Fernández. O sea, todo en contra, nada a favor.
Pero así y todo fuimos al alargue. Secretamente esperábamos que se repitiera la resurrección operada ante Egipto, principalmente, e Inglaterra, y apareciera el campeón mundial en los minutos finales dando vuelta la suerte del partido. Y, contradiciendo a quienes luego afirmaran que el equipo "no pateó al arco", vino el tiro libre de Messi, muy bien dirigido, pero que dio en la cara de un español. Luego el centro atrás de Simeone que por poco no conectó Senesi, y casi a renglón seguido el rebote tomado por el mismo Simeone en el punto del penal, pero que se fue sobre el travesaño.
Con esta reseña, desmiento que el equipo "entregó" el partido, como se está diciendo, entre tantas pavadas que se han vertido sobre la derrota. Vi un rival superior, sobre todo en lo físico, y que futbolísticamente fuimos superados, más que nada por el desgaste previo, las lesiones y ese árbitro que nos llenó de amarillas, una expulsión, y "no vio" varias infracciones de los españoles, como aquella embestida de Cucurella sobre Simone, cuando éste iba a recibir una pelota que lo dejaría con todo un campo por delante antes de llegar al arquero Simón.
Y durante la semana, vimos cómo se les abrió la boca a los que, tal cual anticipaba en el comentario de la semana pasada, deseaban una derrota del equipo. Un sentimiento "antiargentino" alentado por las redes y los algoritmos, que proyectaron los comentarios negativos venidos desde España, Francia e Inglaterra, sobre todo, más algunos de América como mexicanos y colombianos. Pero que más se replicó entre nuestros mismos compatriotas, algunos de los cuales ya pusieron primera para la campaña presidencial de 2027. Escuché comentarios, que entre deducción y deducción, terminaron por concluir en barbaridades como que "Javier Milei tuvo la culpa", por su presunta antirracismo y alineamiento "con los genocidas Trump y Netanyahu". A Messi, el odiado capitán, lo llamaron directamente de "sionista", por ser blanco y haberle dado la mano a Trump.
Y, nada más. Siento que estoy removiendo un tarro lleno de excrementos, y poco me gusta. Pero así estamos hoy los argentinos.