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POLÍTICA INTERNACIONAL

España, en el momento más crítico

Por Luis Eduardo Meglioli 16 de mayo de 2026 - 05:00

Por Luis Eduardo Meglioli - Periodista

En este siglo XXI, la tradición española no olvida aquello de que en el origen del mundo España pidió al Creador "un cielo hermoso", se le otorgó, luego "un hermoso mar, buenos frutos, mujeres hermosas", y todo le fue concedido. Pero después vino esta pregunta: "¿Un buen gobierno?". "¡No! Sería demasiado pedir, porque entonces España se convertiría así en un paraíso terrenal…". Pero, al parecer, si sólo "se negó" a España buenos gobernantes, también se le negó "que se dejaran gobernar", según la opinión del mismísimo Fernando "El Católico", quien solía quejarse de ello: "España, nación muy propia para las armas, pero desordenada, en la que los soldados son mejores capitanes y en la que se sabe más de combatir que de mandar y gobernar…". Los tiempos de grandeza quedaron atrás, con sus colonias de ultramar y sus muchos sueños de conquistas. Mientras, el siglo XX concluyó positivo para los españoles porque en 1975, con la muerte de Francisco Franco, después de casi 40 años de dictadura, había nacido la democracia.

Precisamente, se ha analizado de mil maneras su histórico proceso de transición de la dictadura a la democracia, que se lo sitúa entre 1976 y 1996, con la finalización de la presidencia de Felipe González, entonces líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). En un país de míticas divergencias, resulta muy interesante observar esos años ejemplares que protagonizaron desde el Rey Juan Carlos hasta el último españolito de a pie, como suele llamarse en la península al ciudadano medio. Sobre esa etapa, uno de los hispanistas más prestigiosos, John Elliott, británico, profesor en Oxford, al referirse en una ocasión al enriquecimiento cultural español, contó su propia experiencia tras observar los cambios que se produjeron a partir de 1976: "Lo impresionante, visto desde fuera, es la rapidez con la cual España ha conseguido adaptarse a las nuevas corrientes mundiales y ha sabido aprovechar de ellas para recuperar su propia capacidad creadora". Sin olvidar el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 que supo detener el propio Jefe del Estado, vemos que ahora muchas cosas son diferentes; continúa brillando la democracia y cada ciudadano sigue teniendo una vida al nivel de la media europea, "aunque más cara que hace una década", según revela una encuesta reciente en las principales ciudades españolas. Por esta razón se advierte que, ante un eventual desliz de la gestión de gobierno, puede llegar a ser el tercer país con mayor riesgo de pobreza o exclusión social en la Unión Europea (UE). Sin embargo, Eurostat, la oficina estadística de la UE, con sede en Luxemburgo, observa a España creciendo algo más rápido que el promedio europeo, siendo la cuarta economía, por detrás de Alemania, Francia e Italia, y, en la misma línea, el prestigioso y más que centenario periódico inglés The Economist, califica a la economía española como la de mejor desempeño en el mundo.

Hasta ahí, bien, pero el mayor problema está en el ámbito político. Todo cambia cuando hablamos de España, sus políticos y las enormes diferencias entre gobernantes y oposición, entre izquierda, derecha y ultraderecha, y con un presidente como Pedro Sánchez, del PSOE, que tiene como máximo crítico al antes citado ex presidente del Gobierno y ex secretario general de ese partido, Felipe González. Paralelamente las discusiones más feroces, como nunca antes, se producen semanalmente en el ámbito el Congreso entre gobierno y oposición. Pero aún más, por primera vez en estos casi cincuenta años de democracia, los nostálgicos franquistas, es decir añorantes o melancólicos de la mismísima dictadura, se cuentan ahora por miles y han dado paso a la creación de un partido, Vox ("voz" en latín), de ultraderecha nacionalista, que los representa en la sombra, se dice en Madrid, y que no se lleva bien con el tradicional y conservador Partido Popular (PP), lo que favorece considerablemente al PSOE frente a las próximas elecciones generales en el país. Por otra parte, el gobierno de España dispone de barómetros que se actualizan con periodicidad mensual, como sondeos especiales realizados desde 2009 por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), organismo público dependiente del Ministerio de la Presidencia. Tiene como objetivo "el estudio científico de la sociedad española, normalmente a través de la elaboración de encuestas periódicas. Este barómetro sigue sorprendiendo mucho porque se descubre que casi el 20% de los españoles aprueba aquel franquismo, considerando que "fue muy bueno". Una tendencia que ha alarmado a muchas personas que ven en ella una consecuencia del auge de la extrema derecha que vive España y el resto de Europa en los últimos años, junto a discursos considerados por la prensa local como "blanqueadores del franquismo".

Mientras tanto y en el campo internacional, el presidente Sánchez no solo ha dicho no al pedido de colaboración del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, frente a la guerra contra Irán y la invasión a Venezuela, sino que ha discrepado en ese tema también con la mayoría de los miembros de la UE, mientras mantiene congeladas sus relaciones con Israel, aliado de EEUU en el conflicto, considerándose el peor momento histórico de las relaciones entre ambos países. Y con respecto a sus pares europeos, Sánchez asegura que no hay una ruptura con ellos, mientras en las cercanías del Palacio de la Moncloa madrileño se interpreta la actitud presidencial como "la búsqueda de una identidad más independiente" en la política internacional, particularmente en temas de derechos humanos y el conflicto en Medio Oriente, aunque conservando la integración económica y normativa en la UE. En ese mismo marco, un tema muy polémico entre España y la UE ha sido y sigue siendo la postura ante los inmigrantes, hoy asunto de discusión en todo el Viejo Continente. Es que España mantiene su enfoque centrado en derechos humanos y regularización frente a la negativa del resto de Europa. Y uno de los aspectos que llaman la atención también en la península son las eternas diferencias del gobierno central con las comunidades autónomas de Cataluña y del País Vasco, especialmente la catalana, donde dominan los debates políticos sobre su independencia de España, aunque sin la beligerancia de aquella inquietante movida del año 2017. Y un estudio que no deja de preocupar indica que los libros de texto catalanes tratan al idioma español como "lengua extranjera".

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