CULTURA

Fragua, canto y camino: la memoria que Jáchal no puede perder

29 de octubre de 2026 - 04:00

Por Dr. Mario Alfredo Luna - Abogado y Expresidente del Concejo Deliberante de Jáchal

Se fue don Jorge Balderramo, maestro de la cultura jachallera, y se fue como se van los que cantan: para unirse a lo eterno de la guitarra. Quienes lo escuchamos sabemos que con él no se apaga solo una voz. Se cierra una biblioteca que nunca estuvo escrita en papel.

En la calle Florida, la herrería de los Balderramo fue mucho más que un taller. Fue un sitio de fragua y de cultura. Entre el golpe del martillo y el rojo del hierro se hablaba de arrieros, de caminos y de coplas. Por esa fragua pasaron, hasta Los Olimareños y Peteco Carabajal, y dejaron allí su canto. Un pueblo que hace pasar la música por su herrería sabe que el oficio y el canto nacen del mismo fuego.

Don Jorge contaba, además, lo que pocos cuentan: la historia del Paso del Lamar, en el norte del departamento, cerca del límite con La Rioja. Allí, donde el río Bermejo corre por una estrechura entre dos cordones precordilleranos, está la que la prensa llamó la Ciudad Perdida del Lamar. Es un sitio de la etapa incaica, ligado al sistema vial andino, el Qhapaq Ñan, con un valor cultural que excede a Jáchal. Hubo allí predios regados con una toma del Bermejo y cultivos de forrajeras para engordar el ganado que pasaba rumbo al Noroeste. El poblamiento siguió en tiempos hispánicos y de la independencia, y llegó hasta principios del siglo XX.

En la calle Florida, la herrería de los Balderramo fue mucho más que un taller. Fue un sitio de fragua y de cultura. Entre el golpe del martillo y el rojo del hierro se hablaba de arrieros, de caminos y de coplas. En la calle Florida, la herrería de los Balderramo fue mucho más que un taller. Fue un sitio de fragua y de cultura. Entre el golpe del martillo y el rojo del hierro se hablaba de arrieros, de caminos y de coplas.

Junto a Punta del Agua, otro tramo del camino del Inca espera que alguien lo mire. Lo que hoy es un rastro olvidado fue una ruta de intercambio, de ganado y de gente. Si el Lamar y ese camino fueron paso hacia el Noroeste, Jáchal estuvo siempre en el mapa grande de América.

Existe una ley provincial que reconoce el valor del Paso del Lamar, y hace años se reclamó recuperarlo como atractivo arqueológico. Pero un reconocimiento sin relevamiento, sin señalización y sin recursos es un papel guardado. Mientras tanto se pierden las dos memorias que sostienen el sitio: las piedras, que se deterioran, y los relatos, que se van con quienes los contaban.

Por eso propongo tres cosas concretas:

1. Registrar la memoria oral de los mayores de Jáchal, con grabaciones y un archivo público, antes de que sea tarde.

2. Relevar y proteger el Lamar y el tramo de camino de Punta del Agua, con el aporte de la Universidad y de arqueólogos.

3. Integrar ambos sitios en un circuito cultural y turístico que incluya la memoria de la herrería, la música y la Fiesta de la Tradición.

Don Jorge ya hizo su parte: contó, cantó y dejó abierta la puerta de la fragua. Nos toca a nosotros no dejar que el fuego se apague.

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