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EDITORIAL

La caza furtiva sigue siendo una amenaza para la fauna sanjuanina

28 de abril de 2026 - 06:00

Cada tanto, los operativos policiales logran poner freno -al menos de manera momentánea- a una práctica que, pese a las leyes y los controles, sigue repitiéndose en distintos puntos de la provincia: la caza furtiva y el tráfico ilegal de fauna silvestre. Los recientes procedimientos realizados en Villicum y Caucete son un recordatorio de que este problema está lejos de desaparecer y que continúa afectando de manera directa al delicado equilibrio ambiental de San Juan.

En la zona de Villicum, un operativo policial permitió detectar a cuatro cazadores que habían sido denunciados por realizar actividades ilegales en el área. Los sujetos se desplazaban en una camioneta Toyota Hilux blanca y transportaban cinco perros de raza galgo, animales frecuentemente utilizados para la persecución y captura de fauna silvestre. La intervención se produjo tras un aviso que alertó sobre movimientos sospechosos en el lugar, una señal de que la colaboración ciudadana sigue siendo una herramienta fundamental para frenar estas prácticas.

Pero el problema no se limita a la caza directa. También existe un circuito clandestino de comercialización de animales que incentiva la captura indiscriminada de especies. Esto quedó en evidencia en Caucete, donde la Policía Rural logró desbaratar dos puntos de venta ilegal de aves tras una investigación que derivó en allanamientos en domicilios del barrio Ruta 20 y de Villa Dolores.

Durante los procedimientos se encontraron numerosas aves en cautiverio, además de jaulas de madera y hierro y distintos dispositivos utilizados para su captura y traslado. Entre las especies secuestradas había siete colores, calandrias, cardenales amarillos, chamichines y corbatitas, así como también cabecitas negras, diucas y benteveos. Muchas de estas especies forman parte de la fauna protegida, lo que agrava aún más la gravedad del delito.

En total, se incautaron más de treinta jaulas, evidencia de un sistema organizado que va mucho más allá de un simple caso aislado. Detrás de estas prácticas existe un mercado ilegal que encuentra compradores dispuestos a pagar por aves silvestres para mantenerlas en cautiverio, ignorando tanto la legislación vigente como el daño que se provoca al ecosistema.

La buena noticia es que, como ocurre en estos casos, las aves rescatadas serán evaluadas por personal especializado para determinar su estado de salud y, en la medida de lo posible, serán reinsertadas en su hábitat natural. Sin embargo, la recuperación de estos animales no siempre es sencilla, ya que el estrés del cautiverio o las condiciones inadecuadas en las que fueron mantenidos suelen afectar su supervivencia.

Estos episodios ponen en evidencia la necesidad de sostener y reforzar los controles, pero también de avanzar en una tarea de concientización más profunda. La protección de la fauna no puede depender únicamente de los operativos policiales. Requiere una sociedad que entienda que cada animal capturado ilegalmente es una pérdida para el patrimonio natural de todos.

San Juan posee una biodiversidad que forma parte de su identidad ambiental. Preservarla no es solo una obligación legal, sino también una responsabilidad colectiva que define el tipo de relación que la sociedad decide mantener con su entorno.

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