Por Leonardo Siere - Sociedad Israelita de Beneficencia de San Juan
Olivo de la Paz
El pasado 29 de junio la sociedad sanjuanina se encontró en la Plaza Aberastain, convocada por la iniciativa denominada "Plantación del Olivo de la Paz", actividad impulsada por la Comisión Arquidiocesana de Justicia y Paz junto con el Centro de Ingenieros Agrónomos, y convocada muy especialmente por la intendenta de la Ciudad de San Juan y por la ministra de Gobierno de nuestra provincia.
El acto estuvo encabezado por la intendenta de nuestra ciudad, Dra. Susana Laciar, quien, acompañada por miembros de su gabinete e integrantes del Concejo Deliberante, expresó un mensaje claro llamando al encuentro y a la paz.
Por su parte, la ministra de Gobierno, Laura Palma, acompañada por funcionarios tanto de su ministerio como de otras áreas del Gobierno, llamó a trabajar todos juntos por el prójimo y a valorar la situación que vivimos en nuestro país, donde el diálogo fraterno y la ausencia de conflictos nos bendicen cotidianamente.
En ese marco, el licenciado Adrián Alonso se refirió al valor de esta iniciativa y nos acercó al precedente que marcó el sendero que hoy estamos transitando. El 8 de junio de 2014, en los Jardines Vaticanos, el papa Francisco invitó al entonces presidente de Israel, Shimon Peres, y al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, a un espacio de oración conjunta por la paz. En esa oportunidad, también estuvo presente el patriarca de Constantinopla, Bartolomé I. Los cuatro líderes se reunieron en un rincón del Vaticano para realizar un gesto que trascendería lo cotidiano y lo protocolar: plantar juntos un olivo como símbolo de la paz que todos anhelamos.
El olivo como símbolo de paz nos llega a todos. Los presentes en la actividad recordamos una de las referencias más antiguas del relato bíblico: Noé.
Tras el diluvio universal, Noé envía una paloma para comprobar si las aguas se habían retirado; la paloma regresa con una rama de olivo en el pico, señal interpretada como el comienzo de una nueva era de reconciliación entre Dios y la humanidad y, por qué no, entre los hombres. Desde entonces, la imagen de la paloma con la rama de olivo se transformó en uno de los símbolos de paz más reconocidos de nuestra cultura.
No es de extrañar que el papa Francisco haya iniciado este camino, ya que, desde que asumió esa responsabilidad, dejó ver una vocación marcada por el diálogo entre religiones, que ya había ejercido como arzobispo de Buenos Aires. En la sinagoga de Roma se dirigió a la comunidad judía llamándola "nuestros hermanos y hermanas mayores en la fe". En el mismo sentido de fraternidad, mantuvo encuentros sin precedentes con el patriarca de la Iglesia ortodoxa rusa, Cirilo, tras casi mil años sin contacto directo entre las máximas autoridades de ambos credos e, incluso, viajó a Suecia para conmemorar los quinientos años de la Reforma protestante junto a comunidades luteranas.
La búsqueda del diálogo la enlazó con un permanente discurso por la paz. Francisco llegó a convertir al olivo en uno de los emblemas visuales de su pontificado: lo incorporó en medallones de bronce que entregaba a los jefes de Estado que lo visitaban en el Palacio Apostólico, reforzando en cada audiencia diplomática el mensaje de que la paz debe ser una prioridad compartida.
En junio de 2026, en una hermosa plaza de nuestra capital, al pie de una placa con un mensaje del papa León XIV llamando a la paz, se plantó un olivo en nuestra ciudad, acompañando ese mensaje, como seguramente se ha hecho en otras ciudades del mundo.
Algunos tuvimos que hacer memoria para recordar que la primera vez que Jorge Bergoglio plantó un olivo como símbolo de paz no fue en el Vaticano, sino antes, en Buenos Aires.
El 29 de marzo de 2000, cuando todavía era arzobispo de esa ciudad y aún no era cardenal, encabezó en Plaza de Mayo una ceremonia con representantes protestantes, judíos e islámicos, en la que se plantó un olivo como gesto de unidad y de paz entre las distintas comunidades religiosas.
El espacio de encuentro y de diálogo interreligioso se vio reforzado por las palabras de los referentes del Club Sirio Libanés y de la Sociedad Israelita, ambas instituciones que en nuestra provincia convocan permanentemente al trabajo por la construcción social.
El frío de la mañana no afectó la calidez del encuentro. Diferentes cultos y entidades intermedias acompañaron la actividad y, tras fraternas muestras de afecto, dejando de lado los aspectos protocolares, los presentes renovaron su compromiso con este camino, entendiendo que no se trata de un punto de llegada, sino de un sendero que se construye día a día, poniendo en el centro al otro, al encuentro y al diálogo.