Por Lic. Alejandra Villagra Berrocá - Escritora
Resignificar el ocio, como parte de nuestra vida
El receso invernal ya se convirtió en una realidad en nuestra provincia, y con él llegan las habituales listas de actividades pensadas para los más pequeños y también para los no tan pequeños. Propuestas recreativas, talleres, salidas, encuentros y diferentes alternativas aparecen como una invitación a ocupar estos días que habitualmente están marcados por la rutina escolar y laboral.
Pero curiosamente, incluso el descanso parece necesitar planificación. Nos encontramos antes búsquedas de actividades para no sentir que perdemos el tiempo y hasta convertimos los momentos libres en una nueva lista de objetivos por cumplir. Tal vez sin darnos cuenta hemos comenzado a medir el valor de nuestros días por la cantidad de cosas que logramos hacer, olvidando que la vida también pasa por momentos donde aparentemente "no pasa nada".
Y justamente es allí donde aparece esta pregunta: ¿qué estamos transmitiendo a las nuevas generaciones cuando no somos capaces de detenernos? Porque los niños no solo aprenden de lo que les decimos, también aprenden de aquello que observan. Si nos ven correr permanentemente detrás de obligaciones, probablemente crecerán entendiendo que descansar es perder el tiempo. Contrariamente, si descubren que las pausas son parte del simple existir, estaremos enseñando una manera más saludable de vivir.
Sin embargo, más allá de todas las posibilidades que se presentan, este tiempo de receso invernal trae consigo algo mucho más profundo: la oportunidad de poder realmente descansar y encontrarnos en familia.
Pero cabe preguntarnos: ¿qué significa descansar? ¿Qué concepto tenemos hoy sobre esta palabra? Porque parece que descansar se ha convertido simplemente en cambiar una obligación por otra. Llenamos los espacios libres con diferentes actividades, para no aburrirnos, como si el tiempo vacío fuera algo que debemos evitar. Pareciera que una agenda completa es sinónimo de una vida plena, cuando en realidad muchas veces revela justamente lo contrario: la dificultad que tenemos para detenernos a "respirar".
El descanso encuentra su verdadero sentido en el ocio bien entendido y ejercitado, es un espacio necesario donde la persona puede reencontrarse con aquello que verdaderamente es. El ocio permite recuperar las buenas conversaciones, la creatividad, la contemplación de nuestro entorno y esos pequeños momentos que muchas veces quedan desplazados por las urgencias diarias.
Incluso desde una mirada espiritual encontramos una referencia profunda sobre la importancia del descanso. El relato de la creación nos recuerda que Dios mismo, luego de su obra, descansó el séptimo día. Ese gesto no expresa cansancio ni agotamiento, sino una enseñanza sobre el orden de la vida: el descanso forma parte de nuestra naturaleza. Si el mismo creador contempla una pausa, cuánto más nosotros, que vivimos entre responsabilidades, preocupaciones y desafíos cotidianos, necesitamos recuperar ese momento y más aún enseñarle a nuestros hijos la necesidad de saber descansar. Lo cual se traduce en que descansar no significa abandonar nuestras obligaciones, sino reconocer que la vida humana necesita equilibrio. El descanso no es un premio que llega cuando terminamos todo; porque, si esperamos concluir cada tarea para permitirnos descansar, probablemente ese momento nunca llegue porque siempre habrá algo más por hacer.
Por eso, el ocio vivido especialmente en familia puede convertirse en una sana costumbre que estamos llamados a cuidar más que nunca. En una época donde muchas veces la comunicación queda reducida a mensajes rápidos y donde cada integrante de la familia puede estar concentrado en su propio mundo, por lo mismo recuperar el diálogo aparece como una verdadera necesidad más que nunca.
El desafío de estas vacaciones de invierno no es solamente encontrar más actividades para llenar los días que se vienen, sino aprender nuevamente a habitarlos. Porque una vida llena de ocupaciones no siempre es una vida llena de sentido.
Tal vez pueda ser una oportunidad para redescubrir que descansar también es una forma de cuidarnos, de cuidar a los demás y de volver a poner en el centro aquello que verdaderamente importa: nuestra capacidad de encontrarnos.
El ocio no debería verse como una pérdida de tiempo, sino como un espacio donde recuperamos el tiempo perdido.