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EDITORIAL

Salud mental: el 911, una puerta de auxilio ante crisis sociales que no dan tregua

Por Redacción Diario de Cuyo 17 de septiembre de 2026 - 06:00

Que una persona marque el 911 para pedir ayuda por una crisis de salud mental no debería ser interpretado como un dato más de las estadísticas de un servicio de emergencias. Es, antes que nada, la señal de una sociedad que enfrenta un problema creciente y que necesita respuestas capaces de llegar a tiempo. El aumento de estas llamadas después de la pandemia confirma que las consecuencias de aquellos años excepcionales todavía forman parte de la vida cotidiana.

Según explicó Carina Balmaceda, coordinadora del gabinete psicológico del sistema de emergencias de la provincia, las consultas se incrementaron de manera relevante desde entonces. El aislamiento, la incertidumbre, las pérdidas y los duelos marcaron un punto de inflexión. Pero sería un error reducir las crisis a una consecuencia exclusiva de la pandemia o de una determinada época del año.

Las situaciones de riesgo se presentan durante todo el calendario y tienen causas múltiples. La soledad, especialmente cuando se transforma en desesperanza, puede convertirse en un factor de riesgo cuando se combina con otras dificultades. A esto se agregan los problemas económicos graves y los consumos problemáticos de alcohol y otras sustancias, que pueden profundizar escenarios de vulnerabilidad.

También resulta significativo que adolescentes recurran directamente al sistema de emergencias para expresar lo que les sucede y solicitar ayuda. Esa realidad obliga a mirar más allá de la emergencia puntual y preguntarse qué está fallando en las redes de contención familiares, educativas, comunitarias y sanitarias.

El hecho de que el sistema cuente con cinco psicólogos y funcione durante las 24 horas representa un recurso fundamental. Sin embargo, la respuesta inmediata no puede ser el único eslabón. Cuando una persona logra pedir ayuda, se abre una oportunidad que no debería perderse. La intervención de emergencia debe complementarse con orientación, seguimiento y una articulación efectiva con los servicios de salud.

También es indispensable insistir en el uso responsable del 911. Las bromas y las llamadas falsas no son hechos menores: pueden ocupar una línea mientras otra persona atraviesa una situación crítica y necesita asistencia inmediata. Comprender esa responsabilidad también es una forma de cuidar a los demás.

Las estadísticas muestran una realidad que exige atención permanente. Aunque existen diferencias en las formas de pedir ayuda y en los indicadores de riesgo entre varones y mujeres, ninguna crisis debería quedar atrapada en estereotipos que desalienten la consulta.

El desafío, entonces, no consiste solamente en atender más llamadas. Consiste en construir una sociedad donde pedir ayuda sea cada vez más sencillo y donde esa primera llamada encuentre una respuesta humana, profesional y sostenida. El 911 puede ser la puerta de entrada a la asistencia, pero no debería ser la última.

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