Está claro que la NRA -el grupo de cabilderos pro-tenencia de armas más poderoso de Washington, con alrededor de 4,3 millones de miembros- no se dedica al tráfico de drogas. Pero a juzgar por lo que dijo a principios de esta semana el presidente mexicano Felipe Calderón, durante una conferencia de prensa conjunta con el presidente Barack Obama, y por quienes abogan por el control de las armas, la NRA y otras organizaciones que defienden el uso de armas de tipo militar tienen una enorme responsabilidad por la violencia en México. La NRA y otros grupos pro-armas bloquean constantemente los esfuerzos tendientes a restringir la venta masiva de armas de asalto. Calderón citó la decisión estadounidense de 2004, apoyada por el lobby armamentista, de levantar la prohibición a los fusiles de asalto. "Se ha demostrado que cuando hay una disponibilidad excesiva y rápida de armas en cualquier sociedad, también se produce un aumento de la violencia”, dijo Calderón en la Casa Blanca. "La expiración de la prohibición de armas de asalto en 2004 coincide casi exactamente con el principio de la etapa más dura de homicidios y violencia que haya visto México en mucho tiempo”.

"Durante mi gobierno, hemos confiscado 140.000 armas en cuatro años. La inmensa mayoría eran armas de asalto, AK-47 y la mayoría se vendieron en Estados Unidos”, dijo Calderón, recordando que hay unas 8000 armerías en la frontera de México con EEUU.

"La NRA es cómplice de los narcos”, dice Sergio Aguayo, presidente de Alianza Cívica, que con otros grupos mexicanos y estadounidenses, irán en caravana desde San Diego hasta Washington, para protestar contra el contrabando de armas. Jon Lowy, del Brady Center de Washington, que aboga por el control de armas, me dijo que "la vergonzosa debilidad de las leyes de control de armas de EEUU ha contribuido grandemente a crear el flujo de armas que reciben los narcotraficantes mexicanos”. Agregó que la decisión del Congreso estadounidense de no renovar la prohibición y que no exija investigar a quienes compran armamento, empeora la situación en México.

La NRA rechaza la afirmación de que casi todas las armas de los cárteles mexicanos son contrabandeadas desde EEUU. Según la NRA, casi todas ellas son armas legalmente exportadas que luego son vendidas a los narcos por policías y soldados mexicanos corruptos. "Durante los últimos siete años, alrededor de 100.000 soldados mexicanos se han unido a los narcos. Habría que ser muy ingenuo para pensar que cuando esos desertores abandonan su base militar lo hacen con las manos vacías, sin saquear la armería”, me dijo Andrew Arulanandam, de NRA. "Lo que tendría que ocurrir es que el gobierno mexicano reprima la corrupción generalizada que reina flagrantemente dentro de sus propias filas, su policía, y sus círculos militares y judiciales”, afirmó.

Mi opinión: NRA y los fabricantes de armas estadounidenses tienen derecho a defender la provisión de la Segunda Enmienda constitucional de Estados Unidos que permite a los ciudadanos conservar y portar armas. Pero la Segunda Enmienda, que yo sepa, no dice nada de que la gente tiene derecho a comprar o vender bazukas, o AK-47, o cualquier otra arma de asalto, ni a comprar docenas de ellas y vendérselas a quien se les antoje. Es hora de acabar con este disparate que está causando tantas muertes en México, y también en Estados Unidos.