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ENFOQUE

A 80 años del concierto de Aranjuez

Por Luis Eduardo Meglioli 5 de diciembre de 2019 - 00:00
Un momento de la nota con el gran Joaquín Rodrigo

Las enciclopedias británicas y francesas lo definen como "el maestro del concierto", pero su rica obra no se quedó ahí, sino que incluye también más de 60 canciones, obras corales e instrumentales y música para escena y cine. Ciego desde los tres años, Joaquín Rodrigo es reconocido en el mundo, en especial por su "Concierto de Aranjuez". Fue en 1939 cuando creó esta obra que le dio celebridad, siendo uno de los 11 conciertos para varios instrumentos que compuso. Mis encuentros con él en Madrid, siempre rodeado de su esposa Victoria y su hija Cecilia, fueron varios. En el último de ellos tuve la suerte de que aceptara realizar un reportaje en la bella y mítica localidad de Aranjuez (municipio madrileño, conocido también como Real Sitio y Villa de Aranjuez que data del año 1560). Allí le llevamos desde Madrid el mejor piano de cola para completar la escena: era inevitable acercarlo a un piano y que no tocara algún fragmento de su rico repertorio, incluso con una sola mano. Ser especial, Rodrigo gustaba poco de las entrevistas periodísticas, pero siempre se mostraba cordial y generoso. No hay que olvidar que a los 3 años de edad, perdió la vista como consecuencia de una epidemia de difteria, pero eso no le impidió seguir creando música, casarse, tener una hija y vivir la vida. Disfrutaba mucho el mar, porque quizá fue el primer sonido que amó en las costas de su natal Valencia. Allí nació el 22 de noviembre de 1901, día de Santa Cecilia, patrona de la Música, y su obra musical representa en gran parte un homenaje a las diversas culturas de su país, por eso fue un eximio embajador de la música española universal. En una ocasión, estuve con el maestro y su familia en su chalet de vacaciones del Pantano de San Juan (Comunidad Autónoma de Madrid), y también tocó allí el piano mientras realizaba mi nota. En cada movimiento de sus manos sobre teclas eternas, lucían su talento, su seriedad y ese halo místico de los grandes que nunca mueren. Fue una de sus últimas entrevistas conservando su lucidez y ha sido incluida en la página oficial de Joaquín Rodrigo en Internet. Tenía entonces 88 años y le pregunte cómo definiría en pocas palabras su obra. La respuesta fue inmediata: "¡Hombre!, que es una obra musical directa, clara y sincera. También puede decirse que es refinada y luminosa, sí (ríe con modestia). Bueno, también que es muy optimista". Cuándo le consulté sobre su vocación por la música, recordó que la descubrió muy pronto: "Desde niño, ya sentí una gran inclinación por la música, me gustaba oír música todos los días. Y hubo algunos compositores amigos que me animaron, como de Falla, Chavarri y Enrique Román, entre otros". Tenía 8 años cuando comenzó en Valencia los estudios musicales de solfeo, violín y piano, para después continuar con armonía y composición, con los maestros Francisco Antich, Enrique Gomá y Eduardo Chavarri. De este aprendizaje y de su innata vocación, comienza a componer en 1923, y cuatro años después ya asiste a la Escuela Normal de Música de París, donde estudia composición con Paul Dukas. Al poco tiempo se presenta como pianista y compositor en los espacios musicales parisinos y se hace amigo de grandes figuras como Ravel, Milhaud, Honneger, Stravinski y Manuel de Falla. Es en 1940 cuando en Barcelona tiene lugar el estreno mundial del Concierto de Aranjuez para guitarra y orquesta, la primera de sus obras que le otorgaría fama universal. 

 

El neocasticismo

 

Por Luis Eduardo Meglioli
Periodista. Autor del libro "Vida de Reyes" (Emporio Ediciones, Córdoba)

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