Funcionarios estadounidenses me dicen que Roberta S. Jacobson, jefa de asuntos latinoamericanos del Departamento de Estado, sostuvo una prolongada conversación telefónica con el vicepresidente de Venezuela y heredero designado por Chávez, Nicolás Maduro, donde hablaron de la posibilidad de restaurar a sus respectivos embajadores. Las conversaciones, que fueron alentadas por la secretaria de Estado, Hillary Clinton, comenzaron con un llamado a la oficina de Maduro, preguntando si el vicepresidente aceptaría hablar con Jacobson. La respuesta fue positiva y ambos funcionarios hablaron poco después.

Cuando le pregunté a Jacobson si es cierto que habló con Maduro, respondió: "Sí. Siempre estamos interesados en tener una relación más productiva con Venezuela, empezando por la lucha contra el narcotráfico, y para tener esta relación uno tiene que hablar con la gente”. Estas conversaciones fueron reveladas el 12 de diciembre en una columna de Nelson Bocaranda del diario El Universal, de Caracas, y en un artículo del 14 de diciembre del ex embajador de EEUU, Roger Noriega, en la revista del American Enterprise Institute. Noriega se refirió a la conversación entre Jacobson y Maduro y arremetió contra los "diplomáticos de carrera" de EEUU por supuestamente "legitimar un régimen narco-autoritario". Además, informó que el segundo de Jacobson, Kevin Whitaker, había tenido una conversación posterior con el alto diplomático venezolano Roy Chaderton.

Sugiriendo que Washington no debería reconocer al sucesor de Chávez "hasta que prometa adoptar reformas democráticas", Noriega advirtió que "los diplomáticos de carrera podrían lograr su deseo de normalizar las relaciones con Caracas, aunque esto confiera legitimidad a un régimen peligroso y antidemocrático".

Según fuentes oficiales de EEUU, Jacobson y Maduro el vicepresidente venezolano ofreció intercambiar embajadores con motivo del inicio del segundo mandato del presidente Barack Obama. Jacobson, a su vez, habría respondido con una propuesta de pasos intermedios antes de llegar a un intercambio de embajadores.

Mi opinión: Ambas partes tienen buenas razones para buscar un deshielo en sus relaciones ante la posibilidad de una era post Chávez. A Washington le gustaría que Venezuela permitiera una mayor cooperación en materia de drogas, terrorismo y energía, independientemente de quién esté en el poder. Maduro, a su vez, puede estar tratando de ganar tiempo para consolidar su liderazgo interno. Es un funcionario de línea dura que está muy cerca de la dictadura de Cuba y pudo haber hablado con Jacobson para enviar el mensaje dentro del polarizado movimiento chavista, de que él está al mando antes de que cualquier lucha interna por el poder salga a la superficie.

O tal vez haya aceptado la conversación estadounidense por sugerencia de Cuba, cuyo régimen está aterrorizado de perder los cruciales subsidios de Venezuela si Chávez se muere. Cualquiera que sea el caso, contrariamente a lo que dice la derecha conservadora en EEUU, no hay nada malo en que se explore la posibilidad de normalizar relaciones. Pero teniendo en cuenta que se podría convocar a nuevas elecciones en caso de que Chávez no pueda asumir el 10 de enero, es lamentable que el gobierno de Obama no haya añadido las palabras "proceso democrático” a su propuesta de mejorar las relaciones con Venezuela.