Se ha calmado la tempestad. La noche recoge de a poco las estrellas caídas al pavimento, menos una que quedará latiendo por siempre, a pesar de que -en apariencia- ha detenido su corazón.

La ciudad ya no es de furia. Eso es sólo el momento de una gran canción que acaba de convertirse en himno. Caen flores blancas sobre Buenos Aires de luto. El artista las ha convocado, no ahora, sino desde que se puso el alma de mochila y decidió no traicionar ese sagrado don recibido de componer poemas con música. Caen como aplausos aleteos de palomas tristes sobre Buenos Aires, y la brisa húmeda de la ciudad lastimada los convierte en cortejos triunfales por donde ha de homenajearse el talento y la vida.

Cuatro años en observación de Dios te han aprobado, Gustavo, para entrar de lleno al paraíso de los acordes y las musas. Nada te podrá privar de la tranquilidad de haber sido útil. Joven trayecto de madrugadas rockeras nos ha dejado. Duérmete al fin, manso por sobre los atardeceres dorados y los aplausos de almíbar. Ya bastante luz has dado al viento como para que tengas esclarecido el acceso a la historia. Esta lumbre, la de la música, es indomable, vence a los tiranos y los mediocres, poco le cuesta a los tocados por la varita de la inspiración, y sin embargo se constituye en sueño, norma y rosas cuando es entregada a la gente.

¡Qué canción habrás compuesto para tu equipaje, durante cuatro años de mansedumbre dura! ¡Cómo será ese mundo de la tinieblas que se convierte en antesalas del cielo! ¡Siguen cantando, Gustavo Cerati, con esa caricia de lirios que es tu vos convincente y grácil!

Sabíamos que ese reposo de lunas en esa tu cama sería camino irremediable al definitivo adiós al pulso y las sonrisas; pero la muerte es tan grosera que uno la tiene recluida del mundo, aunque sepa que es imbatible. No obstante, ese soplo de sombras no derrota nada, salvo el cuerpo. Pero la canción todo lo sobrevolará, se hará golondrina y milagro, trastocará dolores en alumbramientos, agasajará enfermos y enfrentará espinas; la canción te tiene por siempre en gracia, Gustavo Ceratti. Así sea.

(*) Abogado, escritor compositor, intérprete.