EL Papa Francisco ingresa solemnemente a la Basílica vaticana de San Pedro en la Misa de Nochebuena o del Gallo, el pasado 24 de diciembre. Lo acompañan decenas de cardenales, obispos, sacerdotes, diáconos y seminaristas, junto a miles de fieles que participan de la celebración eucarística.

Se detiene en silencio antes de subir al altar mayor frente a lo que sería la Cuna del Niño de Belén. En ese momento, un cantor proclama un antiquísimo himno llamado de "La Kalenda'' (La Kalenda o anuncio festivo de la Navidad, es un rito heredado de la antigua liturgia romana) o Pregón de Navidad: "Día 25 de Diciembre. Octavo de las Kalendas de Enero.

Os anunciamos, hermanos, una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo; acogedla con corazón gozoso: (...) en la ciento noventa y cuatro Olimpíada de los griegos; en el año 752 de la fundación de Roma; en el año 42 del imperio de Octavio César Augusto, mientras sobre toda la tierra reinaba la paz, en la sexta edad del mundo: El Hijo de Dios Padre, queriendo consagrar el mundo con su presencia, concebido por obra del Espíritu Santo, en Belén de Judá, de María virgen, esposa de José, de la casa y familia de David, nació Jesús, Dios eterno, Hijo del eterno Padre y hombre verdadero. ¡Es la Navidad del Salvador que los hombres esperaban!''

Al finalizar este impresionante anuncio de la Navidad, el Papa destapa y besa la Imagen que representa al Niño Dios, cubierto con un sobrio paño blanco con ribetes dorados, a quien, unos niños con trajes típicos de sus países, se acercan con ofrendas de flores blancas para adornarlo.

Sobresale en su sobriedad elocuente la Imagen del Niño Jesús, de tamaño tal vez natural, con un gesto de sonriente paz y con sus manitos juntas que evocan plegaria, oración y piedad. Su cuna sencilla, pues es un pesebre donde abrevaban los animales y sus blancos pañales, gritan a los sentidos la ternura de un Dios todopoderoso que se ha hecho pequeño.

Al finalizar la Santa Misa, el santo Padre, a diferencia de otros años, ha querido él mismo, cargar al "Niñito'' en sus paternales brazos, como cuando se acurruca a un niño. Lo lleva de su cuna al Pesebre ubicado a un costado del interior de la magnífica Basílica. Camina despacio. Parece que canta.
 

Parece que reza. Parece que adora a ese Pequeño que lleva en sus brazos quien representa al verdadero Dios hecho Niño. No camina solo, lo acompañan los ministros y maestros de la ceremonia, y también los niños de las flores blancas del principio. Mientras todo el mundo canta "Acudid, fieles, alegres, triunfantes venid, venid a Belén. Ved al nacido Rey de los ángeles''.

Al dejarlo en su Pesebre el Papa Francisco lo besa, lo inciensa y le reza. Balbucea tal vez una plegaria, una oración en silencio... Me imagino una súplica urgente por la paz en el mundo. Por la Iglesia. Por los hombres. 

Aquí en nuestra provincia tenemos una Imagen de ese mismo Niño de Belén. Cuentan que a mediados del año 1990 un Fraile de la Custodia de Tierra Santa le obsequió a Monseñor Antonio López Soler, Cura Párroco del Santuario Arquidiocesano de la Inmaculada Concepción de María en el pueblo viejo (1958-1996), una Imagen réplica del Niño Dios que se venera a partir de entonces en todas las Misas de Nochebuena y de su octava aquí en el Santuario. La imagen original se encuentra en la Basílica de la Natividad en Belén (Israel).

(*) Vicario Parroquial, Santuario Arquidiocesano Inmaculada Concepción de María.