La mayoría de los historiadores considera un reto hablar sobre Simón Bolívar, el venezolano que interrumpió el avance de una Europa colonizadora en América del Sur. De Bolívar se han ido construyendo sucesivas imágenes, la mayor parte de las veces para fundamentar políticas de Estado. El culto comenzó en Venezuela en 1842, cuando se aprueba por decreto su glorificación y exhumados sus restos de Santa Marta (Colombia), con gran pompa se entierran en Caracas. Se dice que el movimiento fascista italiano usó su figura y Colombia, Bolivia, Perú, Ecuador y Panamá, en mayor o menor grado le rinden culto a sus ideales, mientras Chávez en Venezuela, en 1999, lo reinterpretó hacía el socialismo y las FARC lo toman como inspiración combativa.

Los escritos de Bolívar durante la campaña independentista sustentan ideas que van desde la educación pública gratuita y obligatoria hasta evitar la intromisión extranjera tanto en lo político como en lo económico. En realidad Bolívar pensaba que para lograr la independencia definitiva americana, debía crearse una República grande y fuerte, capaz de repeler las intenciones imperialistas de Gran Bretaña, Francia y España y desde 1810, tras triunfos y derrotas se abocó a conseguirlo. La Nueva Granada (actual Colombia y Panamá), Ecuador y Venezuela fueron liberándose hasta conformar la Gran Colombia. Sin embargo sus sueños se vieron sacudidos por insurrecciones y guerras civiles regionales, constituyéndose en un territorio inestable que se fue desmembrando y culminó con la separación de Panamá a principios del siglo XX. Fue como si a la Revolución liberal independentista, le sucediera otra popular, iniciada por caudillos locales y mantenida a través del tiempo, moviéndose entre las dictaduras y el populismo. Bolívar mismo evolucionó de héroe liberal que se enfrenta al dominio español, al dictador paternalista, cuando sus sueños de confraternidad y paz se desmoronaron y debe regir los destinos de las tierras liberadas. Llegó al punto de sentirse totalmente decepcionado antes de morir en 1830 y a pensar que se había precipitado en liberar pueblos primitivos, consiguiendo tan sólo inculcarles entusiasmo bélico. Entonces escribe: "América es ingobernable. Los que han servido a la Revolución, han arado en el mar. Los países caerán en manos de tiranuelos de todos colores, con incontenibles deseos de lucro. Todos los países de la América Morena los tendrán+. Premonitorias conclusiones, a las que la mayoría de los países de América latina se han acercado.

Revolucionario generoso y desprendido a la hora de liberar a sus 1.000 esclavos negros que trabajaban sus propiedades o recompensar a sus tropas, pasó de esa benevolencia a ejecutar a quienes, mediante levantamientos, se oponían a su liderazgo y propósitos. Sus discursos fraternales, tornaban a violentos o paternalistas pasando a practicar los viejos ideales del despotismo ilustrado. Tuvo razón Domingo F. Sarmiento cuando afirmó que a Bolívar aún no se lo conocía. Un personaje tan complejo que además de héroe en los campos de batalla, era un ser de carne y hueso. Con pasiones, ideales, esperanzas, odios y frustraciones, que hoy siguen interpretándose y sirven de base a ideas políticas que fluctúan del heroísmo libertario a democracias restringidas, que se consideran necesarias para mantener en control desde las clases sociales bajas hasta las más ilustradas. Hasta la guerrilla se arropa en su imagen de héroe, de "Libertador" como le llamaron en Mérida y ratificaron en Caracas, durante su campaña independentista por los Andes venezolanos.

Hace poco recorrí parte de Colombia, hoy República unitaria con centralización política y descentralización administrativa. Una Colombia que ha sobrellevado guerras civiles, épocas violentas, dictaduras y el surgimiento de grupos guerrilleros con los que hasta el día de hoy, los gobiernos intentan negociar. Basta recorrer las calles de Bogotá entrada la noche, para ver numerosas patrullas armadas custodiando la ciudad. Después de liderar la producción mundial de cocaína, hoy ocupa el 3er lugar y han disminuido las tasas de homicidios y el turismo se potenció. Sin embargo, el principal productor de esmeraldas, mantiene marcadas desigualdades sociales. La pobreza se percibe en las calles. No hay confianza en la justicia ni en los políticos, ni en el gobierno. Pese a ello, Colombia encabeza el ránking de los países más felices del mundo y eso se aprecia en el trato con todos los colombianos. Bolívar sigue siendo reverenciado. Quizá, como dice el historiador y periodista Jorge Orlando Melo, "los colombianos han aprendido a ser felices…sin pedir mucho."