El papa Francisco habló el jueves último sobre una guerra mundial que se desarrolla por todos lados, sin ninguna justificación, en momentos en que la humanidad no reconoce el camino de la paz y muchos viven para hacer la guerra, con el cinismo de decir que no la hace. El resultado son ruinas, miles de niños sin educación, tantos muertos inocentes y tanto dinero en los bolsillos de los traficantes de armas, sentenció.

La información en Internet de que el grupo extremista tiene entre sus próximos objetivos a la Plaza San Pedro, ha puesto en estado de alerta a la Santa Sede y al gobierno italiano que lanzó un plan para reforzar la seguridad de Roma y los 94 puntos catalogados como sensibles. Entre ellos se encuentran desde el apartamento papal de Via della Stazione Vaticana hasta las 39 embajadas, además de puntos de referencia como el Coliseo y Plaza España, sinagogas e instituciones judías y de transportes y servicios públicos. Se suma una serie de medidas extraordinarias para el Año Santo que comenzará el próximo 8 de diciembre, ordenando entre ellas el derribo de drones.

Todas estas previsiones no son meras estrategias vinculadas a la seguridad sino un dispositivo conjunto de todas las fuerzas de seguridad de Italia frente a la contundencia de las amenazas del terrorismo islámico. Es que tras los ataques del pasado viernes 13 en la capital francesa, el Estado Islámico lanzó un comunicado en el que advierte: "Conquistaremos Roma, romperemos sus cruces y esclavizaremos a sus mujeres, con el permiso de Alá, el elevado”, sostiene la proclama criminal.

Más que el ataque potencial de los islamistas radicalizados al Vaticano, se trata de un objetivo bien localizado.