Luego de revelar que este año los robos y los arrebatos han aumentado entre el 12 y el 15%, el ministro de Gobierno, Emilio Fernández, enumeró una serie de respuestas a esa realidad, desde su trabajo como funcionario. La más llamativa -hay que rescatar la valentía del funcionario en decirla- fue que para él, el trabajo social hecho por el gobierno de la provincia con los jóvenes va a dar sus frutos en el mediano plazo, y que eso provocará que la inseguridad baje. Además de que el presente está marcado por algunas soluciones de coyuntura, pero que el cambio se va a ver recién en unos años, cuando esas políticas sociales den su fruto. Todo un pensamiento y, a juzgar por sus palabras, toda una declaración de rendición a la lucha contra el delito hoy. La urgente, la que se tiene que dar cara a cara en las calles. Afortunadamente, y según el mismo funcionario, San Juan tiene bajos sus índices de homicidios en instancia de robo, por ejemplo. Un delito que va atado a otros nomencladores, como el del apego a las drogas, o como el del desapego a la vida, nada más y nada menos. Para el Ministro, entonces, los jóvenes de hoy -o para ser un poco más precisos- algunos, son responsables de la inseguridad sanjuanina. Está como atado a algo que no puede solucionar. Al menos por ahora.

La reflexión del titular de la cartera de Gobierno sobre que en un futuro las cosas pueden ser mejor, es razonable. No hay que desatender algunas acciones tanto del Gobierno provincial como el nacional que han provocado que más jóvenes tengan ofertas de trabajo y que más personas tengan acceso a condiciones de educación y de economía mucho más acordes que hace una década. Siguiendo el pensamiento del funcionario, hay que deducir que las personas que delinquen hoy son los niños que no tuvieron atención familiar y mucho menos estatal hace algunas gestiones atrás. Y algo de razón puede tener: en 2001, de un total de 427.334 sanjuaninos mayores de 15 años el 69,8 por ciento no terminó la escolaridad secundaria. Hoy, una persona que tenía 16 años en 2001, tiene 26, aproximadamente. Y a esa persona le cuesta encontrar trabajo, ya que las empresas tienen cada vez más exigencias para contratar personal. También, es altamente probable que esa misma persona ya tenga familia. El razonamiento suena creíble, pero no es la torta completa, ya que no cierra con la cantidad de tiempo que lleva esta gestión. Ocho años han pasado desde que asumió Fernández al frente del Ministerio de Gobierno Provincial. Si la teoría de Fernández se cumpliera, deberíamos estar ante una disminución de los índices delictuales, y no de un incremento. Por eso, hay parte de razón en sus palabras, pero no toda la razón.

Personal mal formado, cárceles vetustas, una justicia lenta, una sociedad cada vez más corrompida y alejada de las buenas costumbres, deben influir en algo. Suena como estar en medio de un cuento de hadas no pensar que esas realidades impactan directamente sobre la coyuntura del momento y, seguramente, sobre los jóvenes del futuro. A la par de esa resolución social que esboza Fernández, hay mucho que mejorar y que también terminan incidiendo. Y van a incidir en el futuro también. Es la inseguridad, para el ministro, un problema de inclusión social y no un drama sobre las políticas de seguridad que se aplican en un Estado.

Pero además las palabras del funcionario esconden algo que el Gobierno no quiere decir a viva voz por resultar políticamente incorrecto. Basados en algo de ideología, algunos funcionarios piensan que el mayor problema que tiene hoy San Juan en cuanto a su seguridad son los jóvenes y la Legislación Nacional que los ampara por el hecho inocultable de su edad. Para ser claros, varios en el Gobierno Provincial y la Justicia local piensan que a los jóvenes hay que mandarlos presos, no importa su edad. Incluso, en las palabras del Ministro Fernández, hay mucho de eso: "Ese tema va a haber que irlo tratando cuando corresponda", dijo ayer. Para resumir: sí, es cierto que las políticas sociales ayudan, pero también es cierto que el incremento de las estadísticas de inseguridad denuncian el fracaso de las soluciones de coyuntura, en las que, dicho sea de paso, se invierten millones y millones.