Un informe del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), sorprendió al mundo esta semana al confirmar públicamente, y por primera vez, que la República Islámica de Irán avanza en el desarrollo de armamento nuclear. Las amenazas iraníes de contar con un arsenal atómico vienen siendo un tema inquietante y prioritario en la agenda del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, pero el hermetismo que rodea al régimen del presidente Mahmoud Ahmadinejad y la persistente negativa a abrir las instalaciones a los inspectores de la OIEA, han creado mayor incertidumbre acerca de los verdaderos motivos del plan nuclear iraní.

Es más, el martes último, Ahmadinejad afirmó que Irán no desistirá de su programa, porque entiende que está en su derecho desarrollarlo porque persigue fines pacíficos, como la fabricación de radiosótopos para el tratamiento del cáncer. Sin embargo, ahora un minucioso informe de la agencia internacional, con datos creíbles y cada vez más concluyentes, confirma las sospechas de haber alcanzado la capacidad para fabricar armas atómicas. Ante esta realidad alarmante, voceros israelíes han insinuado la necesidad de un "ataque preventivo” contra las instalaciones iraníes, que rápidamente tuvieron la réplica de Rusia y China -a modo de advertencia-, sobre las consecuencias de esa medida extrema.

La irracionalidad de los ataques preventivos es peor que los males que pretenden contener, sin haber agotado las vías diplomáticas y las sanciones políticas y económicas que dispone el mundo globalizado. El recuerdo de la invasión a Irak y otras opciones militares recientes, son duras lecciones que instan a potenciar la negociación antes que al uso de la fuerza.