En el conjunto de costumbres, hábitos, idiosincrasia, formas de vida, sentimientos espirituales y creencias que por definición conforman el valor social de un pueblo, el departamento Pocito rezuma valores de cada una de esas energías, porque en su memoria colectiva emerge la juiciosa luz de los inmigrantes, de la mano del nativo, y se eleva su protagonismo cuatro veces trágico de prohombres de nuestra patria chica. Es que supo de perjurios en medio de violencias fratricidas, quizá también por ser puerta del Sur de nuestra provincia y donde los antiguos viajeros provenientes de Mendoza veían los primeros verdes de nuestra espesura. Hoy, su emblemática plaza principal perpetuada con la estatua de la Libertad, parece modular con frecuencia versos firmes de Mario "Bebe" Flores en su "Pocito, mi pueblo", y junto a las valiosas voces folclóricas del bronce local, se convierte en una ofrenda imponente a todo San Juan. El parto fue normal ya que por Ley 945 del 9 de agosto de 1884, se crea la Villa Aberastain y luego se transforma en ciudad de Pocito por Ley 2.186 del 6 de agosto de 1959, aun contando con características de departamento, por necesidades hidráulicas, ya en 1869.


Un sol prodigioso armoniza la vida de todos sus habitantes, ya que, a diferencia del resto del Gran San Juan, aquí aprieta, pero nunca ahoga. Los días pocitanos procrean el campo y numerosas nuevas actividades que se han incorporado en los últimos años al paisaje tradicional. Quizá porque, como sentenció dulcemente ese genial periodista de DIARIO DE CUYO que nos dejó hace años, Rogelio Díaz Costa, es "tierra fecunda" donde "el milagro fue del hombre", y "parrales y cebollares trazaron una complicada geometría de ángulos y rectas, con vértices de olivas y festoneados de vicectrices, de caseríos, tras fluidas alamedas (...)". Y al despedirse cada tarde, una luna vestida de largo (que descubrí el día de mi nacimiento, de madrugada, aquí) sube a escena y muta con las horas, vigilando el sueño de pocitanas, pocitanos y foráneos.


Pocito seduciendo, siempre seduciendo, mientras, en medio de su reconocido pintoresquismo, hoy crece culturalmente, con un lucimiento literario y artístico, sobre todo musical, que transparenta su alegría, pero también su pasado de pueblo curtido de herejías que ha buscado todo el tiempo olvidar llagas gigantescas y acompañar la sinfonía de una nueva vida, abrazada cada día a un futuro de buenas nuevas. Entre ellas, indiscutiblemente, la elección de un hombre del lugar y exintendente como gobernador de San Juan, Sergio Uñac. Desde los días de su elección y toma de posesión en el 2015, vimos "ponerse anchas" las almas de miles de nacidos en Carpintería, La Rinconada, Quinto Cuartel, Villa Aberastain, Villa Barboza, Villa Centenario, Villa Nacusi... Al mismo tiempo, a veinte kilómetros hacia el norte de la plaza Aberastain, en Desamparados, el sillón de Sarmiento percibía de pronto un oxígeno venido del sur con mil interrogantes y el garbo (los españoles locales dirían "salero") de la mayor esperanza sobre el futuro provincial. Mientras, a la hora de la meditación, aparece este año un nuevo motivo para celebrar: aquella primera capilla, hoy iglesia de Santa Bárbara, enarbola el centenario de la llegada de su imagen. Creado el santuario el 4 de diciembre de 1889, recién en 1918 contaría con una imagen adecuada, traída de Italia gracias a la gestión de una familia pocitana. Sin embargo, esta iglesia resultó destruida por el terremoto de 1944, y tras una construcción provisional que permitió seguir existiendo como capilla, recién en 1971 comienza a construirse el actual edificio inaugurado después del terremoto de Caucete de 1977. Finalmente, en su mezcla sabia de nativos e inmigrantes, es Pocito el que más recuerda en San Juan a decenas de bellos y añejos pueblos de España, Italia y otros países europeos, donde las fiestas populares reviven siempre como en tiempos ancestrales. Será por eso también que es aquí donde cualquier cura u obispo encontrará, sin mucho caminar, eso que ellos llaman "espiritualidad litúrgica", es decir el concepto y práctica del ideal de la vida, con una preciosa variedad de matices.

 

 

Por Luis Eduardo Meglioli       Periodista (nacido en Pocito).