Estamos terminando el año. La vida va pasando. No podemos detener el tiempo. La vida se va y se va. Muchas cosas permanecen, otras cambian. Vivir la vida es así. Los rostros pasan, las miradas van y vienen, se abren desafíos, se cierran otros, la salud se desmejora o fortalece, conocemos personas nuevas y personas que se van, nuestro corazón vive experiencias diversas que quedan para siempre en el recuerdo y seguimos caminando en la vida. Terminar un año no es dar simplemente vuelta la hoja del calendario. Es mucho más. Es haber hecho un tramo más del itinerario de nuestra vida. Vivir y avanzar en el tiempo es ir dejando las huellas de lo que hicimos y de lo que nos espera por delante. 

 

  • – ¿Cómo asumir el tiempo pasado y futuro? Hay en nuestro corazón como una tendencia a la nostalgia de lo que pasó. Añorando aquello. Los recuerdos y sentimientos afloran de una manera especial en esta fecha y a muchos los pone en crisis. Evaluamos el bienestar general de cómo y por donde va nuestra vida. El pasado corresponde ser visto con amor y dejarlo a la misericordia del Señor. No es bueno quedar tildados en cosas que nos puedan hacer mal y seguir dándole vueltas a cosas que se dieron así.
  • – Dar gracias y llevar esperanza. Una actitud clave para ver el pasado es mirarlo desde la acción de gracias. Es propio de un corazón humilde agradecer el don de lo que se le dio. Agradecer es sinónimo de valorar, es decir, darle un crédito positivo a todo lo vivido. La gratitud nos ayuda a ser sembradores de esperanza de los nuevos desafíos que Dios nos pondrá por delante.
  • – Terminar un año siempre es bueno aunque hayamos pasado por situaciones dolorosas. Allí también estuvo el Señor. Y el mismo pasado es el escalón para seguir adelante. Mirando para atrás avanzamos hacia el futuro dado en términos de esperanza, es decir, el deseo de adquirir bienes que nos ayudan a seguir viviendo el camino de felicidad. El mundo necesita personas que seamos portadoras de esperanza, que ayuden a dar aliento y fuerza a muchos que están caídos.
  • – Mirar la vida con esperanza nos ayuda hacer el puente entre el ayer, el ahora y el futuro, porque es ver lo bueno que hemos sembrado para seguir haciéndolo, y ver en los errores cometidos, nuevos propósitos para dar más y mejores frutos. Lo peor que nos puede pasar es quedarnos paralizados. En una charla en el seminario san José de La Plata, hace muchos años, el Cardenal Eduardo Pironio, comentaba el motivo del porqué escribió acerca de la esperanza. Decía que en su oficina que daba a la plaza de San Pedro en el Vaticano, solía acercarse a mirar por la ventana, y veía muchísima gente pasar con los rostros cargados de tristezas. La esperanza es el motor para vivir.
  • – El papa Benedicto XVI en la encíclica sobre la esperanza llamada Spe Salvi comenta al inicio: "se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente: el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino". La esperanza es el resultado del encuentro con Dios que nos cambia la vida y nos hace tener un sentido auténtico donde las puertas oscuras del tiempo han sido abiertas de par en par viviendo una vida nueva. Por eso empezar un año nuevo es saber que no nos caemos en el vacío ni nos diluimos en el horizonte de la nada en la reiteración de las cosas de la vida sino ir a la esperanza definitiva que es Dios.

 

Por P. Fabricio Pons
Párroco de Santa Bárbara