En un campo cerca de la localidad agrícola de Pergamino, se cultiva el trigo que se espera tendrá mejores rindes en condiciones de sequía gracias a un gen tomado prestado de su par el girasol.

La posibilidad de que en un futuro próximo existan grandes hambrunas que afecten seriamente a varios países del mundo, obliga a las organizaciones internacionales y a los líderes gobernantes a implementar urgentes medidas con el propósito de evitar que la crisis alimentaria se extienda hasta abarcar todo el planeta. En este contexto hay algunos países como Argentina que están avanzando en distintas técnicas de cultivos, como el trigo genéticamente modificado, que la pueden convertir en una fuente proveedora de alimentos para el resto del mundo. En esta misma situación hay un grupo limitado de naciones, muchas de ellas de Latinoamérica, orientadas a producir los alimentos que otros países necesitan y que serán muy codiciados de persistir la referida tendencia marcada por guerras y sequías globales.

Las hambrunas podrían afectar pronto a 50 millones de personas en el mundo. Cada cuatro segundos muere por falta de alimentos una persona en el mundo, 882.000 sufren actualmente "hambre catastrófica" y esa cifra puede elevarse pronto a 50 millones si no se toman medidas urgentes, advirtieron organizaciones de la sociedad civil de todo el mundo en una carta abierta a la ONU (Organización de las Naciones Unidas).

"La crisis alimentaria impacta ya a comunidades de 45 países", señaló en declaraciones a la prensa acreditada ante la ONU en Ginebra Mohanna Eljabaly, representante de la Asociación para el Cuidado Familiar de Yemen, una de las 238 organizaciones firmantes de la carta.

La crisis, agravada por la pandemia y la guerra en Ucrania, que ha contribuido al encarecimiento del precio de los alimentos básicos, empeora en un momento "en el que es difícil lanzar una respuesta humanitaria", ya que sólo la mitad del dinero solicitado a países donantes para llevarla a cabo se ha recibido, subrayó Eljabaly.

 

SEGURIDAD ALIMENTARIA 

La carta abierta se publica a pocas horas de que en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York se celebre una cumbre sobre seguridad alimentaria global, copresidida por EEUU, la Unión Europea, la Unión Africana y España, en la que se debatirán medidas para atajar la crisis alimentaria.

Las organizaciones pertenecientes a 75 países, entre ellas Oxfam, Save the Children o Acción contra el Hambre, advierten que 345 millones de personas sufren actualmente niveles agudos de falta de alimentos, una cifra que duplica la anterior a la pandemia de covid-19.

"La crisis global se ha visto avivada por un cóctel mortal de pobreza, injusticia social, desigualdad de género, conflictos, cambio climático y conmociones en la economía", subraya el documento de las ONG.

"Quienes tienen el poder y el dinero para cambiar esto deben unirse para responder mejor a las actuales crisis y evitar otras en el futuro"

TRIGO DE ARGENTINA

En un campo cerca de la localidad agrícola de Pergamino, en el corazón agrícola de nuestro país, brotes de trigo se extienden en prolijas hileras hacia el horizonte, un cultivo cuyos desarrolladores esperan que tenga mejores rindes en condiciones de sequía gracias a un gen tomado prestado de su par el girasol. 

Accesible por un polvoriento camino rural, el campo es uno entre docenas de sitios donde crece una variedad genéticamente modificada (GM) de trigo llamada HB4, desarrollada por la empresa local Bioceres y científicos de una universidad y un centro de investigación estatales. 

Argentina, el sexto exportador mundial de trigo, aprobó al trigo transgénico de Bioceres en el 2020. Así el cereal HB4 se transformó en la primera variedad GM del grano en recibir una aprobación de este tipo. 

Quienes lo apoyan dicen que HB4, también modificado para resistir el herbicida glufosinato de amonio, podría ayudar a prevenir escasez de alimentos en momentos en que patrones climáticos extremos han llevado a severas sequías en China, Norteamérica y Europa, y una guerra entre las potencias agrícolas Rusia y Ucrania ha impactado en la cadena de suministro de alimentos. 

Muchos grupos de ambientalistas y consumidores han luchado contra el trigo GM, temerosos de efectos secundarios imprevistos por cambios en el genoma del cereal usado para elaborar pan, pastas y otros alimentos. La técnica de modificación genética hace décadas es utilizada con la soja y el maíz, dos cultivos usados predominantemente como alimento para animales.

"Hay un poco de desconocimiento de qué es un transgénico, que no es un monstruo", dijo Raquel Chan, bioquímica e investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), que lideró el desarrollo de la variedad, licenciada a Bioceres.

Chan, que también trabaja en la Universidad Nacional del Litoral (UNL), explicó que la planta es "casi indistinguible" de trigo sin cambios genéticos, pero que puede tolerar mejor la falta de agua gracias a un gen adicional incorporado proveniente del girasol.

Aún con la aprobación del Gobierno argentino, Bioceres todavía no ha empezado a vender a los agricultores del país su trigo GM. También está realizando ensayos en el vecino Brasil.
 

  • Trigo GM: ¿Un tabú?

En los laboratorios de Bioceres en la ciudad de Rosario, el polo agroportuario de Argentina asentado sobre un margen del río Paraná, se vio a científicos trabajando con variedades de soja, un cultivo cuyas variedades GM hace tiempo están establecidas en la cadena de oferta de alimentos internacional. 

El trigo modificado genéticamente, en cambio, hace tiempo ha sido un tabú. "La preocupación central es la posibilidad de que el trigo transgénico y el no transgénico puedan llegar a mezclarse", dijo Julio Calzada, analista económico jefe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), el principal recinto de comercio de granos de Argentina.

La mezcla puede "traer algún rechazo de mercadería en los mercados internacionales y Argentina hoy necesita estos 4.500 millones de dólares de exportaciones" de trigo dijo Calzada.

Ningún otro desarrollador de semillas ha buscado públicamente desarrollar trigo GM desde el 2004, cuando el gigante Monsanto, ahora propiedad de Bayer AG, abandonó planes de crear una variedad GM del cereal tolerante a su herbicida Roundup. Países consumidores amenazaron con prohibir trigo estadounidense, a pesar de que la empresa vendía hace tiempo ya maíz y soja GM tolerantes al Roundup, o glifosato.

En 2020, Bayer acordó pagar miles de millones de dólares en acuerdos por juicios de personas que sostienen haber sido dañados por su herbicida.

 

Por agencias EFE y Reuters
y Redacción de DIARIO DE CUYO