El fenómeno del autodenominado Estado Islámico, el grupo insurgente más sangriento y destructivo de la historia, ha superado los objetivos de otros movimientos terroristas como Al Qaeda, que parecían verdaderas amenazas para la paz mundial en la década anterior. Ahora el yihadismo atrae a simpatizantes de todo el mundo y los anima a materializar sus sueños uniéndose a sus filas como combatientes y, según un informe de la organización Soufan Group, con sede en Estados Unidos, estamos ante un grave fenómeno global.
El estudio basado en datos de gobiernos, organizaciones internacionales y centros de investigación, indica que entre un 20 y un 30% de los yihadistas extranjeros que combaten en Siria e Irak, vuelve a sus países de origen. Este retorno no es para dar por concluido a sus impulsos juveniles sino para incubar el terrorismo doméstico y formar células del fundamentalismo islámico. Esta presencia constituye un gran desafío para las agencias de seguridad por el aumento de ataques como los registrados recientemente en París.
Se calcula un total de entre 27.000 y 31.000 yihadistas extranjeros, provenientes de 86 países, están presentes en las fuerzas islamistas, más del doble de los 12.000 contabilizados en junio del año pasado cuando se desplegaron mayores esfuerzos internacionales para contener al grupo Estado Islámico. La sorpresa en el informe de Soufan es que denuncia la presencia de 26 terroristas latinoamericanos, entre ellos argentinos y brasileños, un dato que el gobierno de Dilma Rousseff reconoció detectar a tres ciudadanos de Brasil formando parte del grupo yihadista.

El reclutamiento de combatientes en los países occidentales se produce a través de las redes sociales, especialmente en la primera fase del proceso, cuando el grupo comenzó su expansión. Se sabe que los ciudadanos de los países más alejados llegan hasta el EI a través de simpatizantes del grupo en Twitter, en particular, aunque en América todavía no se ve un patrón de reclutamiento similar al de Europa o en países que conformaban la Unión Soviética.

Si bien el número de combatientes argentinos es ínfimo, siempre es un peligro potencial y más preocupante si una vez entrenado regresa para activar otra misión demencial.