La calle doctor Ortega siempre se llamó así. La confusión nace a raíz de que en la esquina con calle Mendoza, donde nacía, había un cartel que decía ‘La Superiora” y debajo con caracteres más pequeños, ‘a 500 metros”, refiriéndose a la bodega de ese nombre que estaba pasando la vía del ferrocarril, en realidad a más de mil metros de distancia. Esto creó la confusión que le cambió el nombre a la calle.
En encuentros callejeros de los chicos que vivíamos en la zona, a veces nos hacíamos desafíos, los de una calle a otra. Jugábamos contra la Sívori, la Calvento o la Devoto. Por agosto de 1955 volvió de la provincia de Salta mi hermano, el escritor rawsino, Ramón Rosario Quiroga. Había estado trabajando en una mina de azufre llamada ‘La Casualidad”. Joven de 19 años, lleno de ideas y de proyectos, convocó a los muchachos de su edad de aquella época y junto a nosotros los más chicos, hicimos la primera reunión. Fue, si mal no recuerdo, el 25 de agosto de 1955. Elegimos primero un triunvirato, con Juan Costela como presidente; Rosario como secretario y Don Pedro González como tesorero. Recuerdo que ese mismo día, ante la sugerencia de uno de los asistentes le pusimos como nombre ‘Club Cultural y Deportivo La Superiora”. Qué lindos recuerdos me traen esas primeras reuniones, en que todos nos tratábamos de señor. -‘Pido la palabra señor presidente”, sabíamos decir. Y ahí exponíamos nuestras ideas y sugerencias.
La primera pelota de cuero, aquella que fueron a comprar en grupo los más grandes; el primer baile en los fondos de ‘La Sanjuanina”, en el Barrio Obrero Rawson. Con dos orquestas, una característica y otra típica. Con la comisión de damas formada por las coquetas chicas del barrio, que acompañaban a los más grandes y que soñaban con jugar al vóley.
Tuvimos que limpiar un terreno en el campito, como le decíamos, donde hoy es el barrio Belgrano. Y ahí con palos que trajimos del Médano hicimos los arcos y tuvimos la primera cancha. El piso era puro ripio pelado. Caerse significaba pelarse las rodillas dolorosamente. La rastrillábamos durante la semana. Cuando llegaba el domingo aparecía el ripio nuevamente, como si creciera. ¡Qué partidazos jugábamos entonces! Contra la villa Cenobia Bustos o contra el barrio Rawson. Pero la mayoría de las veces entre nosotros, ya que se nos habían unido los chicos de las calles Sívori, Calvento, Torino y con el tiempo los de toda Villa Krause y sus alrededores.
Mi hermano nos impulsaba para que desarrolláramos la parte cultural, animándonos a leer los libros de una colección de grandes autores que él poseía. Quería integrar a las damas del barrio, para eso se improvisó una red para practicar vóley. Nos enseñó a jugar al ajedrez. Pero para hacerlo tuvimos que tallar las piezas una a una. Que toscos peones, torres, reyes y caballos nos salieron de los palos de escoba.¡Qué infinita paciencia! Con cuchillos de mesa, trozos de vidrio y algún serrucho viejo herencia de mi padre. ¡Qué partidas nos jugábamos! ¿Dónde habrán ido a parar esas reliquias, qué valores aquellos? Entretenimientos sanos de aquella juventud tan pobre. Mi casa fue por muchos años, la sede natural del club. Y mi madre, la madre de todos mis amiguitos.
La parte cultural, fue más que nada, el sueño ideal de mi querido hermano. Quien quería compartir sus conocimientos y su cultura, con los demás amigos que no habían tenido la suerte de estudiar como él. Pero nosotros en realidad queríamos jugar a la pelota, y así lo hicimos cuando ya mayores tomamos las riendas. Desde la Sexta división donde empezamos, con 12 o 13 años, hasta veteranos con casi cincuenta.
Por los años ’60 más o menos. Los Krause nos donaron un terreno, una manzana completa, entre las calles Dr. Ortega, Sívori, Pasaje Argentino y Calvento. En lo que es hoy el barrio Sur. En ese lugar completamos todos nuestros anhelos. Fuimos por muchos años uno de los más conocidos entre los clubes de barrio, eso sí, eternamente amateur. Generaciones de jóvenes pasaron por nuestras filas. Semillero natural del Club Atlético Rawson. Una Quinta división nuestra salió campeona invicta, como cuarta especial representando a dicho club en un campeonato realizado en el Club Atlético los Andes.
Querido Club Cultural y Deportivo La Superiora tu recuerdo perdurará para siempre en la memoria del Villa Krause de ayer.