Existe gran preocupación en varios sectores sociales por la inclinación de muchos jóvenes a actividades delictivas, con el convencimiento de que con ellas pueden obtener un mayor y más rápido ascenso social, en vez de dedicar tiempo y esfuerzo a estudiar o capacitarse para forjar un futuro basado en el trabajo, conforme a valores pregonados.

De la diversidad de esas actividades delictivas una de las más atractivas es el narcotráfico, por las ramificaciones que tiene en la sociedad, los niveles de ingresos que asegura y, sobre todo, por la promoción y falso prestigio que proporciona, al otorgar a los implicados poder y dominio. Desde siempre se ha transmitido la imagen de que el narcotráfico conduce a una vida de bienestar llena de placeres y riquezas, a cambio de un mínimo esfuerzo. Es lo que determina que generaciones cada vez más jóvenes vean a esta actividad un modelo de vida a seguir, en vez de sacrificarse trabajando honradamente, y que haya provincias como la nuestra donde proliferación los adolescentes que venden droga a la salida de las escuelas, en los "boliches” bailables, barrios y villas.

La narcocultura está avanzando a pasos gigantescos en todos los ámbitos sociales, con un fuerte mensaje en los sectores más bajos, precisamente los que esperan escalar posiciones de la forma más fácil posible, aunque esto no quiere decir que no prolifera en otros niveles, como en el caso del funcionario de la Justicia federal de nuestra provincia que fue descubierto vendiendo la droga confiscada en ese ámbito.

Se habla de los símbolos, cada vez más difundidos, como por ejemplo mansiones espectaculares; camionetas o autos de lujo; mujeres atractivas; armas sofisticadas y una vida de mucho lujo y placeres. De la misma manera se destacan figuras del narcotráfico como si fueran héroes o líderes populares, y se promocionan sus actividades en series de televisión o películas de cine. Todo esto está llevando a una promoción desmedida de un flagelo que está destruyendo el tejido social, haciendo que muchos jóvenes caigan atraídos por la ley del menor esfuerzo, a una actividad delictiva de la que difícilmente puedan salir.

Combatir la narcocultura con mensajes claros que adviertan sobre los verdaderos riesgos de una actividad marginal es una de las claves para revertir un panorama cada vez más preocupante. Los jóvenes deben saber que el narcotráfico, al igual que cualquier otro tipo de delito cobra un alto precio y que es un camino sin regreso.