La enfermedad de Chagas es una vieja dolencia que es terminal, sin un tratamiento oportuno, pero a pesar del control en las zonas endémicas, caso de Argentina, avanza en el mundo hasta en lugares muy alejados de las regiones tropicales y donde tampoco existe la vinchuca, el principal agente transmisor del parásito que se aloja en órganos vitales en un lento ataque letal.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) informó que existen unos ocho millones de enfermos en el mundo y el 99% no está tratado. Pero la sorpresa es que hay alrededor de 80.000 personas infectadas en Europa y la mitad de ellas están en España, un país que tradicionalmente es puerta de ingreso de visitantes latinoamericanos. Sin la presencia del insecto vector en suelo europeo, todos los contagios se producen por transfusiones de sangre, trasplantes de órganos, o de madres a hijos durante el embarazo.
Si bien es muy fácil determinar con una gota de sangre si una persona puede estar infectada, uno de los principales problemas es la falta de información sobre el Chagas en los centros asistenciales europeos, a lo que se suma el miedo de los presuntos pacientes por relacionar esta enfermedad con la muerte y ser señalados o discriminados por la sociedad. Debe recordarse la incidencia de este temor en el intercambio entre Latinoamérica y Europa por inmigración, turismo o trabajo.
Ante este panorama la OMS se ha movilizado en el viejo continente y ya se tienen las primeras respuestas positivas. Cita a España como un ejemplo mundial de atención al Chagas y como puente al resto del mundo para formar profesionales, informar y dar voz a una enfermedad que hasta hace poco no la tenía en la UE.
